ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

¡Ah Chihuahua…!

26 de junio de 2016

¡Cuánto apache! Si como dicen es cierto que la realidad la crean cada día los medios de comunicación, también es cierto entonces que la condición actual de la inseguridad en México los propios medios la van turnando de un estado a otro a tenor de no sabemos qué estrategias, intereses o retribuciones.

 

De pronto un estado es publicitado como el más violento, de pronto ya no sabemos nada más porque los espacios los ocupa otra entidad, hasta que por medios alternativos uno se entera de que el problema permanece casi intocado en todas partes, también en Chihuahua que había dejado de ser interesante para los transmisores oficiales de la “realidad”, hasta los sucesos de esta semana.

 

Por principio recordemos que Chihuahua tiene tres capitales, la ciudad del mismo nombre, capital original donde se asientan los poderes estatales por lo regular invisibles, Ciudad Juárez, donde se ubica el verdadero poder, y Ciudad Cuauhtémoc, desde donde se discute el poder de Juárez.

 

La segunda y efectiva capital es la puerta de ingreso a los Estados Unidos del norte; Cuauhtémoc es la puerta de ingreso a la sierra extensa y profunda del estado con conexión directa aunque sinuosa con Sinaloa.

 

La guerra cotidiana se libra entre los cárteles de Juárez y Sinaloa, cada cual con su perfil, con su estilo, con sus abundantes recursos y sus distintos modos de tratar a la ciudadanía; unos y otros generosos benefactores de pueblos y rancherías, construyen plazas, pavimentan calles, instalan el alumbrado público, y además defienden a la gente de las audacias criminales del cártel opositor. Todos tienen en sus manos a los cuerpos policiacos municipales de sus respectivas regiones, incluso regidurías y mucho más. Imponen su ley en lo civil e incluso en lo religioso, pues muchos pastores evangélicos son a la vez distribuidores de enervantes que obsesivos repetidores del “aleluya, Jesús salva”.

 

Las parroquias no se escapan, pues la recurrencia anual de las fiestas patronales da ocasión para que las tropas delictivas no sólo se asomen sino hasta quieran disponer la organización misma del evento, contratando grupos musicales de elevado precio que desde luego los aldeanos no serían capaces de pagar. Los párrocos rurales están ya acostumbrados a que los detengan, revisen y amenacen, a decir misa teniendo a la vista cuadrillas de hombres pertrechados con cuernos de chivo, pistolas y granadas, así es la vida en estas regiones de Chihuahua, donde por otro lado, el número de desaparecidos sólo sabe aumentar.

 

Por allá mismo y en tierra de bandidos el proceso electoral fue atípico, los emisarios de uno de los poderosos carteles tuvieron a bien avisar a numerosos pueblos que de perder los municipios  el partido en el poder la iban a pasar bastante mal, aviso que la gente sabe no podía eludir; a diferencia de los candidatos en campaña, los delincuentes sí cumplen.

 

El gobierno estatal lo ganó de cualquier manera el candidato opositor prácticamente con una única y sola promesa, encarcelar al gobernador saliente, asunto que los chihuahuenses esperan se tarde un buen tiempo en lograr, pues de hacerlo a las primeras, ¿Qué hará el resto del sexenio?