ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

14 de agosto

16 de agosto de 2015

Para el 14 de agosto se “velaba” en todos los templos a la “Virgen María” en su tránsito de subir al cielo. Imágenes yacentes dentro de catafalcos de cristal se exponían a la veneración cristiana, donde una hermosa mujer se adormecía; como espuma de mar la bordada mantilla besaba su frente, juntas las manos orantes sobre el pecho, azul el manto, blanca la túnica; perfume de nardos y abundancia de gladiolas engalanaban la escena, porque al día siguiente, 15 de agosto, era la Virgen llevada al cielo.

 

Se trata de una antigua tradición nacida en la iglesia oriental desde los primeros siglos de la cristiandad, donde surgió la costumbre de conmemorar el paso de la Virgen María de este mundo al paraíso; reproducir imaginativamente la escena, el momento crucial en que esto sucedió, será luego el tema no sólo de la piedad popular sino de grandes artistas, como los célebres maestros del mosaico bizantino, los vidrieros y coloristas medievales y los pintores y escultores de todos los tiempos.

 

La fiesta de la Asunción ha tenido sin duda un especial arraigo en la vida y cultura de los pueblos cristianos, y todavía hoy se mantienen célebres festividades con motivo de esta fecha. En nuestras latitudes conserva particular importancia la celebrada en Huamantla, estado de Tlaxcala, donde desde los días anteriores toda la comunidad coopera y participa para cubrir sus calles con impresionantes alfombras de flores, hoy de fama mundial. La diversidad de los colores y los diseños, la extensión de estos tapetes y el clima mismo de la fiesta alcanza su culmen cuando sobre estas obras de artesanía transcurre la procesión mariana.

 

En nuestro rumbo se ponen de fiesta numerosas poblaciones como Lagos de Moreno, Mezcala y Jalostotitlán, pero se destacan las numerosas peregrinaciones de ciclistas que desde distintos rumbos llegan al santuario de San Juan de los Lagos para estos días, así como la célebre romería de la Asunción, en la ciudad de Aguascalientes, que de un tiempo a esta parte ha ido adquiriendo cada vez mayor importancia. Sin duda que la derrama económica es también importante, pero tratándose de una festividad religiosa no viene al caso contabilizarla como si se tratase de una feria comercial.

 

¿Que cuánta gente asiste? Seguramente muchos miles, pero en este punto conviene recordar que el conteo de asistentes a una celebración no depende del deseo o de la ilusión, que puede meter en un metro cuadrado cien personas, sino del espacio físico, medible y disponible. En este punto el Peje y los publicistas de espectáculos son impresionantes. El Peje podía meter en el Zócalo de la Ciudad de México ¡quinientos mil fieles! como si el Zócalo tuviera segundo y tercer piso. Sin duda que dicho espacio es inmenso, mide 46 mil metros cuadrados, con una extensión de 220 metros de largo por 180 de ancho. Poniendo a cuatro personas por metro, en el zócalo no caben más de 184 mil individuos, lo demás son delirios de grandeza y hermosas fantasías.