ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

21 de diciembre

21 de diciembre de 2014

A 10 días del fin de año las impresiones del 2014 se acumulan. Son las imágenes fijas de una sociedad turbulenta, de un tráfico urbano ahogado y sometido por bloqueos y manifestaciones, de un imaginario que ha temido una y otra vez el desplome total a partir de Oaxaca, de Michoacán, de Tamaulipas, de Guerrero, o del Sur mismo de Jalisco. Fuerzas internas y externas desbordadas, inflamadas por los medios de comunicación y sus reportes editados, un sinfín de conjuras e intrigas sospechadas y en ocasiones evidenciadas por la contundencia de los hechos.

 

Este entorno agobiante hizo ignorar la floración de las primaveras a fines de enero, el clima cálido y envolvente de abril y mayo, el generoso temporal de lluvias, abundante, fresco, venturoso, el suave frío del otoño, las frutas y manjares que acompañan a Guadalajara en cada época del año, junto con las tantas iniciativas acertadas, constructivas que van de la mano con el revivir anual de las fiestas y celebraciones de nuestra ciudad que pareciera confluyen en la espléndida magnificencia de la romería de Zapopan, pero que luego de nuevo se dirigen hacia ese espectáculo anual de la Feria del Libro, de los libros, de los cientos de miles de libros que no se leerían en muchas vidas. En el entretanto la reedición semanal de la Vía Recreactiva donde peatones, ciclistas y mascotas buscan descansar del peso de los días y de sus noticias.

 

El caos parece ir ganando. Cada día la nota roja del transporte público, de las complicidades e inoperancias del Congreso, de la ausencia de autoridad en las calles, de la corrupción galopante, de la sociedad anárquica, de las balaceras, los asaltos, las ejecuciones, las llamadas telefónicas, los secuestros conocidos, los detenidos en el CURVA, los escándalos de éstos y aquellos, la contaminación, el grito recio, intimidante, de las marchas y las protestas, el terrorismo mundial, las pandemias, la guerra de Isis, la de Ucrania, los atentados en Pakistán, la vida mutilada, saltando en pedazos contra las pantallas del televisor.

 

Y de pronto una última oportunidad para salvar el año, recuperar el trabajo silencioso de tantos individuos e instituciones que trabajan generosamente a favor de los demás y constituyen el verdadero mensaje de la Navidad, porque son las personas que lo han asumido desde siempre y lo hacen vida cada día, sin segundas intenciones, sin búsquedas electoreras, sin esperanza de retribuciones terrenales ni triunfos mediáticos. La Navidad como evocación y actualización de una opción histórica a favor de la verdad, de la solidaridad, de la justicia y de la paz para quienes actúan de buena voluntad.

 

Ciertamente una muy significativa temporada de fiestas y regalos que algunos esperan como respiro, como tregua que favorezca el olvido, como un antídoto providencial ante la amargura de la inoperancia, de la perpetuación de la epidemia delincuencial que todo lo ha infiltrado, pero que debe ser la ocasión del cambio profundo, del triunfo de los valores, de la transformación de las mentalidades, sin la cual el 2015 no será mejor que el 2014.