ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

277 años de historia

9 de octubre de 2011

Las fiestas que el Ayuntamiento y el Obispado de Guadalajara realizaban para despedir a Nuestra Señora de Zapopan, consistían en un novenario seguido del traslado procesional de la imagen, de Catedral a Santa Teresa. La mañana siguiente, 5 de octubre, dos regidores y dos canónigos, llevaban a la Virgen a Zapopan en un carruaje.

Pronto este traslado se convirtió en una romería. Para 1742 el historiador Matías de la Mota señala que el 5 de octubre regresaba la Virgen “acompañada por toda la ciudad”. De 1821 a 1864, el Ejército acompañará este traslado con uniforme de gala. La llevada de la Virgen seguirá siendo la festividad más importante de la ciudad hasta la final imposición de las Leyes de Reforma que prohibían las procesiones públicas, en 1867.

A partir de entonces, las gentes esperaban el carruaje de la Virgen a las afueras de la ciudad, donde confluyen hoy las calles Morelos y Américas. Desde la madrugada del 5 de octubre se iban congregando, y al llegar el carruaje lo cargaban llevándolo hasta Zapopan. La presión del Gobierno para reprimir esta tradición y la debilidad del arzobispo Pedro Loza (1869-1898), dieron ocasión a diversas medidas para acabar con ella, la primera fue cambiar la ruta del regreso. Por ese tiempo para ir a Zapopan había dos caminos, el tradicional por Los Colomos, y el largo era por Mezquitán y Zoquipan; sin avisar a nadie se tomó este camino, pero apenas los habitantes de Mezquitán advirtieron el carruaje de la Virgen, obligaron a cocheros y canónigos a regresarse por la ruta acostumbrada. En consecuencia, el siguiente año, se cambió el día del regreso de la Virgen sin avisar a la comunidad.

Burlada así la gente, espontáneamente decidió seguir haciendo una romería el 5 de octubre para agradecer a la Virgen su visita. Todo ese día, numerosas familias en carruajes, cabalgaduras, y sobre todo a pie, harán el mismo recorrido. Esto motivó que en 1895 Pedro Loza prohibiera esta iniciativa, sin ser acatado.

Muerto Pedro Loza, el arzobispo José de Jesús Ortiz corrige esta actitud restableciendo la llevada de la Virgen el 5 de octubre, acompañando el propio arzobispo a la Virgen en su carruaje. Su sucesor, Francisco Orozco, mantuvo igualmente la tradición.

Con motivo de la persecución religiosa desatada en 1926, la imagen de la Virgen permanece en Guadalajara, reanudando su visita anual en 1930. A partir de ese año la tradición se mantiene, variando solamente fecha y ruta. En efecto, la avenida Ávila Camacho se hizo ex profeso para el desarrollo de la “llevada de la Virgen”, como lo declaró en su momento el gobernador González Gallo.

Conviene recordar que la “llevada de la Virgen” es una procesión mariana que da lugar a una romería, y que como tal sigue siendo la más participada del mundo cristiano, haciendo vivos los valores de la gratitud creativa y la solidaridad histórica.