ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Adiós al anticristo

13 de mayo de 2012

Cinco años duró la vida del “anticristo”, como llamaron algunos exaltados al presidente Sarkozy, atendiendo a su perfil de presidente global y a su ascendencia judía, si bien ignorando la conversión al catolicismo de su padre y abuelo, y la educación cristiana correspondiente de Nicolás.

 

Lo cierto es que el Presidente francés a lo largo de cuatro años y lo que va del presente, desarrolló una impresionante actividad política internacional de diverso nivel y grado, pues lo mismo intercedía ante las guerrillas colombianas, que tomaba decisiones militares en contra de Libia. Fue desde luego un infatigable promotor de la economía global europea y trabajó a brazo partido con la canciller alemana ante la crisis del sistema euro, particularmente en el caso de Grecia. Se entiende que quienes viven bajo el espectro del inminente “anticristo” pensaran que se había encarnado en un personaje, por añadidura de origen húngaro, de ascenso meteórico, y casado con una modelo, actriz y cantante de méritos bien reconocidos.

 

Al margen de lo que hizo y de lo que decían que hacía, es un hecho que su alineación con la poderosa plutocracia mundial, y específicamente la europea, no fue todo lo exitosa que cabría esperar. Ya desde el comienzo de su mandato diversos intelectuales franceses de izquierda lo habían denunciado como servidor de los grandes propietarios del capital, de los integrantes del club de Holanda (nada que ver con su sucesor), de los pocos dueños del país, con o sin la sincera convicción de que la economía neoliberal y globalizada podría finalmente elevar la condición económica de todos los integrantes de la sociedad. También para la izquierda Sarkozy era un “anticristo”, aunque resultara de alquiler.

 

Ya sabemos que el actual sistema económico solamente cumple las expectativas de los muy ricos, que se han hecho mucho más ricos, empobreciendo a las clases medias y volviendo miserables a los pobres. El asunto es que a las clases medias de Francia equivalentes a los ricos de América Latina, y a los pobres, equivalentes a nuestras clases medias, poco les importó el origen de Sarkozy, sus “servicios” a la nación, y hasta su señora esposa, votaron por la izquierda socialista, así les hubieran “matado” a su gallo, Satrauss Khan, otro francés también de origen judío. Con la expectativa de reformas que reequilibren el reparto económico desde un discernimiento mucho mejor informado y participativo que el nuestro, los franceses dieron al traste con un “anticristo” que se supone debería gobernar de por vida. La posible ventaja sería advertir que hoy como ayer, el “anticristo” no es un personaje tipo endriago, sino una postura en el mundo que va y viene.

 

Contemporáneamente, los rusos, al margen de “anticristos” de izquierda o derecha, siguen creyendo en los zares, así sean alternativos, como es el caso de los señores Putin – Medvedev, que ya van en su tercer mandato, intercambiándose presidencia y ministerio, verdadera envidia de los frustrados proyectos del general Manuel González-Porfirio Díaz, y de Obregón-Calles. Nosotros decidiremos el camino el 1 de julio con opciones parecidas: “anticristos”, contra-anticristos, personajes de telenovela, episodios ya vistos, y lamentablemente muy pocas novedades.