ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Adiós al Bicentenario

26 de diciembre de 2010

Concluye la primera década del siglo XXI con el año del Bicentenario, del Centenario y de la renovación de ambos no solamente por la serie de iniciativas, festejos, investigaciones históricas, infinitas publicaciones, muestras museográficas y un largo etcétera concentrados principalmente en la ciudad de México, sino por la reedición espectacular de escenarios turbulentos que no se repetían desde hacía precisamente 100 años.

 

Es verdad que a partir de 1968 y durante un buen periodo de tiempo, México se inscribió también en la lista de países guerrilleros y tupamaros que dieron bastante de que hablar y afectaron a muchísimas personas, pero comparado con lo que se ha vivido sobre todo este año, aquello no fue sino un divertimento.

 

Desde la escena de los periódicos y de las pantallas televisivas todo se ha venido presentando como una lucha entre el gobierno y la delincuencia organizada, y una lucha entre las mismas bandas delincuenciales. Un gobierno de poder descomunal, sin duda, enfrentado con organizaciones bastante bien armadas, con una logística impecable, y una inconfesada plataforma social de apoyo. Confiscaciones, balaceras, granadazos, ejecuciones al por mayor, captura de capos, terrorismo rural y urbano, toma de ciudades y aun de territorios, caída del turismo en no pocos lugares de gran interés, declaraciones esotéricas de los estadounidenses, mensajes presidenciales como nunca antes, versiones disímiles en la sociedad, y una cada vez mayor serie de incógnitas que no se han resuelto al finalizar este movido 2010.

 

Y frente al escenario de la guerra oficial, la experiencia de la guerra extraoficial que delincuentes de toda especie desarrollan al amparo de aquélla, precisamente porque el río está revuelto, y porque además existe otra delincuencia, la más detestable de todas, la delincuencia legal, luciéndose en los Congresos estatales y federales, en los juzgados que absuelven criminales confesos, en corporaciones policíacas que ofertan pases de salida en cárceles y procuradurías, que cobran plaza junto con los cárteles que dicen perseguir, convirtiendo al país en un trágico circo de tres pistas, donde la sociedad ya no es solamente espectadora sino víctima cotidiana.

 

Y detrás del fuego de tantas hogueras y bloqueos, aun bloqueos de universitarios amafiados, se asoman con indecisión oficial los nubarrones de la economía mundial y los blindajes nacionales que añaden nuevos temores al ciudadano, precisamente cuando tales medidas pretenden ahuyentarlos. El balance del 2010 resulta entonces con cuentas de sobrevivencia, y puede resultar un grave impedimento a la hora de enfrentar el 2011.

 

Y sin embargo, si algo sabe hacer la sociedad mexicana es precisamente sobrevivir, sólo que a estas alturas ya debemos fortalecer nuestro derecho a algo mucho más que la mera sobrevivencia, derecho y deber de todos, meta común que podemos lograr en este nuevo año ya tan cercano, pero que supone hoy más que nunca la organización ciudadana alterna, la participación democrática efectiva y la renuncia absoluta a seguir manteniendo una burocracia tan cara como inútil.