ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Adulterio ¿legal?

31 de enero de 2016

Si solamente fuese ilegal lo que jamás se comete, no tendría mucho sentido mantenerlo en esa calificación. Pero si la norma de la legalidad o de la ilegalidad la dicta el comportamiento social, entonces lo más lógico sería abolir todo código que pretenda normar la conducta de los individuos.

 

En México el matrimonio civil fue establecido desde 1859, a partir de lo cual el gobierno mexicano asumió unilateralmente el compromiso de proteger esta institución social desde la base del matrimonio monogámico, igualmente sustentado por la ley, si bien legalizando contemporáneamente el divorcio.

 

Se entiende que al reconocer el matrimonio desde el ámbito civil asumía que los contrayentes aceptaban establecer un contrato con obligaciones y derechos, de tal suerte que el mismo estado tenía la capacidad de sancionar el incumplimiento que pudiera darse, toda vez que se arrogaba el derecho de ser la única instancia validadora de este contrato.

 

A los legisladores mexicanos, desde hace ya algunos años, les pareció que su función era hacer leyes o abrogarlas, o alterarlas o complicarlas, tarea inevitable para instituciones sobradas de personal y de tiempo, muy frecuentemente ineptas para el cargo que tienen, porque ya antes otros legisladores redujeron al mínimo posible tanto la edad como la preparación de estos funcionarios. Con esa permanente ociosidad no sorprende la constancia con la que se les ocurre todo tipo de cosas, no precisamente originales, desde luego, sino habitualmente copiando, o pirateando, como ahora se dice, lo que hacen otros países, sobre todo Estados Unidos. Estos legisladores olvidan que son representantes de la sociedad y que por lo mismo deben defender las obligaciones y los derechos establecidos antes de abolirlos sin siquiera preguntar a la gente que es lo que piensa al respecto.

 

Hasta donde se sabe muchas de las leyes que rigen constitucionalmente la vida del país, están puestas para contener la conducta del ser humano que de otra manera y con gran facilidad, se desbocaría acabando por destruir el tejido social, la salud mental de sus integrantes y la estabilidad misma de la nación.

 

Ahora en el circo situado en avenida Hidalgo entre Belén y Pino Suárez hubo quién advirtiera que sólo en Jalisco y Durango el adulterio es delito ¿Cómo admitir semejante discriminación? Además, aducen, es muy difícil probar el adulterio, debe ser infraganti y en el domicilio conyugal, de modo que por ser difícil demostrar la falta hay que legalizarla. Es lacerante la ausencia de argumentaciones que merecieran por lo menos un poco de respeto cuando se trata de un asunto tan importante, solamente les falta añadir que a fin de cuentas el adulterio se ha hecho cada vez más común, lo mismo que tantos otros delitos, que por esa profunda vía de argumentación acabarían siendo no solamente lícitos sino hasta obligatorios.

 

De muchas formas podrían los diputados justificar el crecido sueldo que reciben, pero también hay maneras inteligentes de hacerlo, pero no parecen haber dado con ellas, así que sin que nadie se los pida se dedican a proponer cuanta cosa se les ocurre, porque todavía les quedan dos largos años de cubrir apariencias.