ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Agenda del año

3 de enero de 2010

Los habitantes de esta extraordinaria, hermosa y dinámica ciudad comenzamos un nuevo año cuya agenda se revela bastante exigente.

 

Como marco de esta agenda resalta desde luego el tema del bicentenario del comienzo de la insurgencia independentista, y el centenario de la Revolución Mexicana; como marco celebrativo tiene sus propias cuestiones: ¿Qué tan independientes somos a 200 años del inicio de aquellas luchas? ¿Quiénes tomarán el liderazgo que nos lleve a superar nuestras nuevas dependencias? ¿Qué ideales de la Revolución hemos alcanzado, cuáles se quedaron en promesas y qué nuevas metas nos plantean los tiempos actuales?

 

Incluyendo pues el tema de los centenarios, advertimos que tenemos dos grandes asuntos que ya no se pueden seguir posponiendo, la reforma del sistema democrático que tenemos, y previa o contemporáneamente, una propuesta de reforma educativa de muy amplio alcance. Este reto tiene hoy día una enorme trascendencia pues a fin de cuentas la mayoría de nuestros problemas, si no es que todos, tienen que ver con la cuestión educativa.

 

Por educación estamos entendiendo no solamente la capacitación para el ejercicio de una determinada profesión, sino la formación del ser humano en aquellas actitudes y valores que hacen de él un agente de crecimiento personal y social, siempre interesado y comprometido en el desarrollo de su área de trabajo y del conjunto de la sociedad. Esto implica la generación de una nueva sociedad que muestra su educación lo mismo al cruzar una calle que al conducir un auto, que conserva el medio ambiente, que no ensucia la ciudad en la que vive ni la pintarrajea, que contribuye a la mejora del clima laboral donde trabaja, y vuelve creativa su misma profesión así sea solamente artesanal. Educación que por supuesto supone aprender a vivir en sociedad, en familia, y en pareja, dejando atrás los dramas adolescenciales de la violencia intrafamiliar o entre vecinos que nunca aprendieron a respetar el espacio ajeno, o el descanso de los demás.

 

Este concepto de educación implica un proyecto común que involucre a todas las instancias públicas y privadas, medios de comunicación, instituciones educativas, organismos empresariales, asociaciones culturales, religiosas, asistenciales, etcétera.

 

Una reforma educativa de estos alcances deberá incluir de manera permanente y consistente una auténtica educación para entender y vivir los valores de la democracia, pues constatamos una y otra vez que no basta con ir a votar, es necesario mantener un escrutinio permanente que evalúe las decisiones y ejercicio político de nuestros representantes; meta que supone preparación, sensibilidad y compromiso a favor de la convivencia ciudadana y del genuino progreso de nuestras condiciones de vida.

 

Democracia renovada, educación polifacética, convivencia humana y recuperación de los valores, son retos de extraordinario valor y apremiante urgencia que debemos asumir todos los integrantes de la sociedad máxime que las instituciones públicas no han sido hasta ahora efectivas a la hora de dar respuestas reales a estos pendientes, por el contrario se han ido constituyendo en parte de nuestros muchos problemas, lejos de ser, como debieran, principio de solución para éstos.