ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Alemania

20 de julio de 2014

A diferencia de Argentina, no fue la selección alemana la que ganó la pasada Copa Mundial, sino el pueblo alemán, su idiosincrasia, su sistema educativo, su organización política, su concepto de la administración pública, su estructura de asistencia social, su carácter permanente, su capacidad de concentración, su alto concepto de la responsabilidad individual y social, su capacidad bien probada de trabajo en equipo, su experiencia en la consecución de las metas más arduas, dentro de las cuales el deporte es apenas un aspecto, el más lúdico, desde luego, pero no por ello el que exija menos dedicación.

 

Esta energía alemana no tiene que ver con cuestiones arias, pero seguramente sí influyen cuestiones fisiológicas, en primer lugar por una rara decisión de la naturaleza, los alemanes sí tienen el cerebro en la cabeza, el corazón en el tórax, y, por ese mismo capricho biológico, logran que sus vísceras se sujeten y mantengan en el espacio que les es propio, todo lo cual permite un funcionamiento correcto de su actividad humana.

 

Contando con el mismo porcentaje de infra y supra dotados que cualquier otro pueblo de la tierra, los alemanes logran que el resto mayoritario de su población trabaje para que los infradotados tengan más oportunidades y los superdotados den el máximo rendimiento, de ahí la enorme pléyade de científicos y profesionistas en todos los campos, y sobre todo, estadistas y funcionarios públicos de primer nivel.

 

En el pasado siglo XX tres veces se habló de un milagro alemán, en realidad no se trataba de milagros sino de aleccionadoras actitudes de colaboración y esfuerzo sostenido. Hace exactamente 100 años, en el mes de julio, Alemania inició la Primera Guerra Mundial, la sostuvo cinco años, la perdió, quedó arruinada, demolida y endeudada, y antes de veinte años ya era de nuevo una potencia mundial, dispuesta a iniciar otra guerra, la Segunda Guerra Mundial comenzada en 1939, sostenida hasta 1945, de nuevo perdida con resultados todavía más desastrosos, intervenida por las potencias aliadas, dividida en dos, con su infraestructura reducida a cenizas y una incontable pérdida de vidas humanas. Diez años después, la Alemania que permaneció libre había ya sorprendido otra vez al mundo por su increíble recuperación.

 

La unificación alemana planteó serios retos a esta nación, los primeros años fueron inseguros, pero mientras las demás naciones hacían cálculos sobre los serios problemas que Alemania enfrentaba, los alemanes trabajaban con la concentración, dedicación e ingenio que les ha caracterizado, originando una nueva sorpresa, su actual liderazgo económico y político; Alemania era una vez más potencia mundial.

 

Desde luego que el genio y la locura son vecinos cercanos, cultivar el genio y mantener la locura bajo control ha sido un trabajo exigente para esta nación; los descuidos a este respecto originaron dramas mundiales que no solamente pagaron los alemanes. Igual cuidado deben tener en el control de un cierto atavismo que con el menor pretexto se activa, el del culto primitivo a la fuerza física, y la tendencia a recaer en la barbarie de sus primeros años.