ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Alternancia problemática

17 de julio de 2011

La alternancia ha sido una de las fórmulas políticas que mejores resultados han dado en países con un alto perfil democrático. Este alto perfil desde luego no se refiere solamente al tipo de instituciones, de partidos y políticos, sino sobre todo al tipo de ciudadanía.

Aunque en sentido estricto alternancia es votar por un partido distinto en cada nuevo proceso electoral, sin que esto sea una fórmula infalible, también se puede hablar de una cierta alternancia cuando sale un gobierno y entra otro así sea del mismo partido. Bueno, pues resulta que en nuestro país ni siquiera esta segunda posibilidad ha sido exitosa. Toda la nación ha sido testigo de cómo presidentes, gobernadores y alcaldes del mismo partido no fueron jamás capaces de dar seguimiento a las obras iniciadas por sus antecesores por el simple hecho de que no eran las suyas. En nuestro país abundan los ejemplos que delatan este fenómeno. De igual manera atestiguamos cómo las grandes obras de un sexenio o trienio, eran descuidadas por el siguiente, ocupado en hacer las propias, por más que corrieran la misma suerte; esto sin mencionar el crecido número de políticos dedicados a destruir lo que dejó el antecesor, o en repetirlo, como ha sido el inveterado caso de los planes, estudios y proyectos ejecutivos y demás que se han ido encimando unos sobre otros hasta la saciedad, todos caros y todos inútiles, excepto para los amigos a quienes se les mandan realizar.

En lo que mira a la alternancia de partidos que se ha venido dando en algunos estados del país y en la propia federación todavía no tenemos suficientes elementos para evaluarla, si bien observamos el enorme lastre que tiene en este asunto la precariedad democrática de la sociedad y de sus decadentes partidos.

A lo que de veras no estábamos acostumbrados era al intrincado caso de que en una misma región la alternancia pusiera, en un mismo espacio y tiempo, administradores de distintos partidos, como es el caso de tener un gobierno estatal de “x” y alcaldes de “y” o “z”. Dado que nuestra inmadurez política es aberrante, se entiende que producimos gestores públicos inmaduros e irresponsables, capaces de perjudicar a toda la ciudadanía, obstruyendo la administración pública por cuantos recursos tienen a la mano, por la inconfesable razón de afectar a un gobierno emanado de distinto partido. Y sin duda que lo afectan, pero a un costo muy alto, el que pagamos todos.

Esta inesperada situación nos ha hecho ser testigos de los desaires, madruguetes, distingos, indiferencias, habladas, chismes, indirectas y menosprecios entre unos y otros, porque a todos se les olvida que están para prestar el mejor de los servicios a la ciudadanía que les paga, y que el espacio público no es un patio de vecindad para el desahogo de rencores, venganzas y bloqueos criminales.