ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Ánimas en pena

2 de noviembre de 2014

Alejandro Borgia y Nicolás Maquiavelo debieron finalmente enfrentar al tribunal divino; advirtiendo que su vida los mandaba al infierno suplicaron se les diera una segunda oportunidad, y Dios clemente decidió concedérselas en el siglo XX. Pero el diablo no fue consultado, así que resentido decidió actuar para conservar sus presas. A Alejandro que toda su vida la pasó en pos de la ambición y la gula de todos los sentidos le añadió la cólera y la soberbia, a Nicolás le dejó la capacidad para la intriga y la perversidad, pero le quitó la inteligencia.

 

Su plazo comenzó a correr, sólo 15 años ni uno más, pero fue en vano. El uno hizo de la autoridad poder intimidante, el otro dedicó su tiempo a corromper y pisotear a la sombra de su padrino; ajenos al pantano en que habían caído se seguían moviendo con violencia insuperable, ellos y toda su corte, al parecer no había límite para la conjura, la conspiración y el enriquecimiento solapado por prestanombres; muy ufano podía presumir el diablo de tener tan destacados auxiliares.

 

El tiempo es inexorable, 15 años que parecían muchos se agotaron pronto. Dios les quitó el poder pero no la vida, pensando que incluso un día más bastaría para corregir la plana de haber tomado conciencia de sus errores, pero de nuevo el diablo insaciable intervino y los cegó, ahora ya no habría más oportunidades.

 

Por su puesto desde la creencia cristiana las almas no vuelven a este mundo para corregir las faltas que no corrigieron en vida, opinión más bien compartida por los pueblos orientales donde las almas se reencarnan indefinidamente o escapan al ciclo de la reencarnación por el camino budista, no obstante lo que sí reaparece una y otra vez son las actitudes tanto virtuosas de muchos como negativas de otros más. Las actitudes de Alejandro Borgia han tenido lo mismo antepasados que descendientes, pues la historia lo mismo es maestra cuando se le conoce para evitar los errores, que cuando se le conoce para volverlos a cometer.

 

Y no obstante lo escandaloso que haya podido ser la vida de este personaje, ha sido todavía más funesta la conducta de los príncipes y jefes de estado que describió Nicolás de Maquiavelo. A partir de entonces su nombre se volvió sinónimo de intriga, deslealtad, engaño, corrupción, espionaje y cuanto recurso condenado por el buen sentido común pudiera uno imaginar.

 

Hoy es día de muertos, los pueblos del centro y sur de México aguardarán con comidas, velas y flores el regreso de sus difuntos, los pueblos indígenas del occidente y norte ya en el momento de la defunción de sus seres queridos hicieron cuanto pudieron para que éstos bajo ninguna condición regresen. Los cristianos criollos de todas partes acudirán a los altares de la Iglesia a pedir el don del cielo a aquellos que dejaron ya esta vida, mientras que las actitudes buenas y las malas seguramente seguirán yendo y viniendo, por lo pronto que Alejandro Borgia y Nicolás Maquiavelo descansen en paz.