ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Arriba Cherán

29 de enero de 2012

Aunque uno de los sones más festivos de Michoacán se llama “Arriba Pichataro”, habría que dedicarle uno mucho más relevante al pueblo de Cherán. A casi un año de haber iniciado una lucha por la auténtica gobernabilidad, esta comunidad de la sierra michoacana nos sigue dando lecciones de verdadera ciudadanía, al margen de ideologías acedas y partidos podridos; por lo menos esa es la percepción.

 

Entre sus logros más significativos debemos destacar en primer lugar que la gente de Cherán tomó la decisión envidiable de prescindir de todos los partidos políticos. Con base a una magnífica memoria que los hizo conscientes del fracaso reiterado de la democracia partidista, y la capacidad que los partidos tienen para usurpar los derechos sociales y lucrar a costa de todo, abandonaron esa inercia y procedieron a elegir autoridades de acuerdo a la ley de “usos y costumbres”, donde fue la ciudadanía y no los partidos quienes propusieron a los candidatos, para enseguida proceder a una elección directa ahorrándose la tortura repetitiva de comerciales ridículos y mítines chatarra, propaganda impresa y tantas otras desventuras en que se tira al basurero el dinero de la comunidad.

 

Ya antes nos habían demostrado que la delincuencia organizada, la militarizada, la desorganizada y la oficial, se pueden abatir por medio de la unidad y el compromiso de todos, y si, inevitablemente, por el uso de la fuerza, en este caso, todo el tiempo defensiva de sus recursos y  derechos. Al principio de esta historia, Cherán intentó, una vez más, acudir a los medios oficiales: denuncias formales, solicitudes firmadas, presentación de pruebas y testimonios, también marchas y caravanas a la capital del Estado, manifestaciones y hasta plantones, todo lo cual recibió a su vez las respuestas oficiales: oficios de “recibido”, largas e inútiles entrevistas con los secretarios de los subsecretarios, careos a más no poder con el ciudadano gobernador, promesas muy sinceras de intervención inmediata, y desde luego, amenazas, presiones, golpes y asesinatos. Al final la situación empeoraba, sus bosques seguían siendo saqueados, sus comerciantes chantajeados, la gente amedrentada por todo tipo de cárteles, suma de males que condujo prodigiosamente a una toma de conciencia genuinamente ciudadana: Cherán retomó su soberanía de aquellos que la habían usurpado, recordó sus antiguos usos, antes de que el “hombre blanco” los sedujera con sus mitos democráticos partidistas, y hasta la fecha se han mantenido en un derrotero muy aleccionador.

 

Cherán es una señal doble, es luz verde para todos los mexicanos que realmente busquen la equidad y el progreso comunitario, la superación de los vicios partidistas, de la apatía ciudadana y del saqueo nacional, pero también es una señal roja para todos aquellos que se benefician ampliamente de nuestra alienación política y que muy probablemente estarán buscando la manera de impedir que el país se “cheranice”, sea por la promoción de candidatos mesiánicos, personajes de telenovela o funcionarios improvisados.