ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Barriendo la calle

17 de marzo de 2013

Muy loable la toma de medidas que el ayuntamiento tapatío ha anunciado para motivar a los vecinos a mantener limpia por lo menos la banqueta de su casa. Lo que tal vez no sepan las autoridades es que hoy día, incluso salir a barrer la calle, puede acarrear un alto riesgo.

 

En efecto, por diversos rumbos de la ciudad ocurre que los malandrines amagan a las hacendosas amas de casa o a sus empeladas mientras barren la calle. Qué mejor manera de meterse a robar que con la llave misma que portan las personas mientras asean la banqueta. Esta situación cada vez más generalizada exigiría que antes de que puedan los habitantes de una casa salir a barrer la basura, deberían las autoridades salir a barrer a los ladrones.

 

Esta problemática es desde luego de mayores alcances, hay zonas de la ciudad donde los bandidos merodean y atracan sin mayor problema, hablo por ejemplo de la avenida Hidalgo, entre López Mateos y Díaz de León, avenida por la cual empleados, estudiantes, profesores o quién sea debe cuidarse de los motoladrones, siempre al alba, lo mismo que por la avenida Chapultepec, o en el mismo Centro Histórico donde los ladrones arrebatan cámaras a los turistas, celulares a los transeúntes, o cadenas, artes o prendedores a las incautas personas que todavía se atreven a portar joyas a la vista.

 

En los barrios de Santa Teresita o de la Capilla de Jesús, los bandidos han centrado su atención en las personas que viven solas, sobre todo, las de edad avanzada, a las cuales sorprenden o cuyas casas allanan; pero lo mismo ocurre en la colonia Atlas, donde ya ni siquiera es seguro acercarse al templo, sea temprano o ya en la noche, pues casos ha habido en que los asistentes a capillas de adoración son ahí mismo desvalijados de cuanto traen.

 

La Vía Recreactiva se ha vuelto asimismo un gran imán para esta plaga de parásitos, nadie se puede permitir ahí dejar por un segundo la bicicleta mientras compra agua, pues eso y aún menos basta para que un acechador se la lleve, junto con cualquier otra clase de objetos vendibles en tianguis o montepíos de todo tipo.

 

Ni hablar de los bandidos que llevan aparatos para botar las chapas de las casas, rastrear electrónicos en los automóviles, clonar tarjetas de crédito en más de algún negocio de las elegantes plazas comerciales, despojar a los devotos del cajero electrónico, o a quienes retiran de los bancos enormes sumas, hecho que por arte de magia adivinan los ladrones apostados en su cercanía.

 

Tenemos un serio problema que no se va a resolver ni ampliando las cárceles, ni el número de policías, ni siquiera multiplicando el empleo, porque el problema básico es de valores, y el afán de los bandidos es tener mucho dinero, de manera rápida, y sin trabajar; los medios de comunicación por su parte siguen alentado las ambiciones y erradicado los principios, mientras el Gobierno ni quiere que el ciudadano se defienda por su cuenta, ni tiene recursos, porque todo se le va en nómina, ni eficacia para defenderlo, porque sigue privando la improvisación y la impunidad ¿Qué hacemos?