ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Benedicto XVI

18 de abril de 2010

Acaba de cumplir ochenta y tres años de edad, y cinco al frente de una institución milenaria, de hecho, la estructura religiosa más antigua de la civilización occidental. Hombre permanentemente dedicado a la investigación teológica y a la divulgación doctrinal por medio de numerosas publicaciones, se desempeñó por bastantes años al frente de una de las congregaciones más importantes de la Iglesia, la que cuida y cultiva la doctrina de la Fe.

 

Los medios de comunicación mundiales lo han querido poner en el ojo de un huracán que los mismos medios han creado, situación que nos lleva a recordar una serie de antecedentes que en parte explican esta vorágine mediática.

 

Benedicto XVI es alemán, y a sesenta y cinco años de finalizada la Segunda Guerra Mundial, todavía perviven grupos deseosos de hacer pagar en los hijos la culpa de los padres, cuando ni siquiera es claro cuanta culpa tuvieron los padres. Parte de este ambiente, sin duda justamente dolido, pero también vengativo, no ha visto con buenos ojos el sostenimiento de la causa de beatificación de Pío XII, misma que ha proseguido en el actual pontificado precisamente porque no existen evidencias objetivas que la desaconsejen. El pontífice por su parte ha debido llamar la atención de los pueblos europeos sobre los diversos significados que puede tener el nuevo poderío musulmán en Europa, lo cual a los musulmanes tampoco les ha gustado. Siendo responsable durante tanto tiempo de analizar y calificar las diversas corrientes teológicas en la Iglesia, debió naturalmente enfrentar teólogos muy maduros, capaces de admitir las consecuencias de sus tesis, como teólogos que no tenían ese nivel y siguen nadando en el resentimiento, lo mismo en Europa que en los otros continentes. La preservación del modelo familiar desde el concepto de Cristo ha sido otra preocupación de Benedicto XVI y otra fuente de molestia e inconformidad de quienes sostienen ideas distintas. La firmeza discreta del Papa, que como sabemos no es amante de los escándalos, pero sí de las decisiones claras en torno a situaciones problemáticas que se han dado al interior de la Iglesia, le han generado igualmente golpeteos desde dentro, lo mismo en Italia que en otras regiones del mundo. Estos golpeteos no han pasado desapercibidos a los paparazzi de la noticia religiosa.

 

Cabía esperar que Benedicto XVI actuara del modo en que lo ha hecho si recordamos el texto del Viacrucis que siendo todavía cardenal, redactó para su meditación en el Coliseo Romano, el Viernes Santo del 2005, donde no bastaba reconocer las faltas que se cometen sin la debida reparación y corregimiento, por lo cual apuntaba ya la necesidad de una nueva reforma de la estructura y vida de la comunidad cristiana, aún si esta acción urgente y saludable deba tener un alto costo.