ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Buenas y malas

14 de junio de 2015

Fueron muchas las fallas observadas en el pasado proceso electoral, unas para bien y otras para mal.

 

Falló el bipartidismo, si es que se puede hablar de algo semejante; en todo caso falló la expectativa de un bipartidismo que hiciera pasar la administración pública del PRI al PAN y viceversa. Todo parece indicar que el PAN lo sabía y postuló más bien a un futuro buen regidor.

 

Falló la maquinaria del partido en el gobierno de la que en tiempos más primitivos no se podía dudar. No obstante en ella seguían seguramente confiando quienes postularon a un candidato nada conocido.

 

Falló en varios casos la publicidad, la mercadotecnia, la habilidad para dar con la promoción acertada. Quienes pensaron, en el caso del PRI, que había que apoyarse justamente en la debilidad más evidente del candidato, para lanzarlo al triunfo, lo único que lograron fue hacer más visible el defecto que buscaban obviar.

 

Falló la publicidad de quienes pretendieron perjudicar al candidato puntero asociándolo con un ex gobernador, pues la mecánica operó a la inversa o simplemente no operó de ninguna manera. Adicionalmente se podría pensar, si el mensaje opositor fuese correcto, que el exgobernador tuvo mejor ojo que todos los demás partidos, incluido el suyo propio, si es que todavía forma parte de él.

 

Falló de manera impresionante el chantaje tradicional, pues cantidades ingentes del dinero público se canalizaron a las dadivas de cuanta cosa les fue posible imaginar con tal de lograr el voto; al parecer los beneficiarios de estas limosnas electorales las recibieron muy felices y gustosos y al final votaron por quien les dio su regalada gana.

 

En las cuentas finales el voto duro y el voto del empleo, es decir, el voto emitido por quienes tienen chamba del partido perdedor, tampoco fue definitivo.

 

Otras fallas ocurrieron en vísperas de las elecciones: la publicidad dada a los consejos corruptores de tales o cuales funcionarios, la quiebra heredada por el ayuntamiento tapatío que prácticamente lo mantuvo en parálisis hasta la llegada de apoyos federales, tardía y calculada; la crisis permanente de seguridad, el espectáculo del 1 de mayo que ya parecía 20 de noviembre, el conocimiento divulgado por todos los medios de la escalada de corrupción, clientelismo fraudulento, chantajes laborales, y empeoramiento de la burocracia, el abandono de la ciudad y el desbarajuste administrativo que invirtió sumas millonarias en levantar calles en muy buen estado, en el Centro Histórico, ignorando el resto de las vialidades que permanecen en pésimas condiciones…

 

 

Falló la expectativa de una ciudadanía pasiva, resignada, clientelar o simplemente apática, que dejaría la votación en manos de los cuadros tradicionales.

 

Sin duda que la mayor falla la han cometido los propios partidos, ajenos a la evolución de la sociedad, independientemente de los posibles acuerdos que entre ellos pacten, decididos a seguir haciendo lo mismo y solamente innovarse en la manera de ocultar o disfrazar su creciente corrupción.

 

Por supuesto que es muy temprano para decir si los electos fueron acertados o fallidos, eso lo demostrarán ellos mismos en menos de cuatro meses.