ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Carmen García

1 de julio de 2012

Así le decían, pero ni siquiera era mujer. Allá en tierras de Tehuantepec ha vivido esta persona al amparo de un vicio nacional llamado impunidad. Las leyes son siempre para que las cumplan los otros en la medida que nos beneficie a nosotros, afirmaba esta singular líder.

 

No es del todo culpable. El estado de derecho sigue siendo para los mexicanos una entidad ininteligible, se le acepta a condición de que sea poroso, se le esgrime según conviene, y se le ignora en iguales circunstancias. Nos viene por herencia, ya los españoles cuando tuvieron su oportunidad para reinar aquí se distinguieron por dos acciones en torno a este asunto: producir leyes sin ton ni son, y generar recursos para omitirlas todas.

 

Carmen García es un sujeto peculiar. Sin tener la edad ni mucho menos los conocimientos recibió las credenciales necesarias para formar parte del magisterio oaxaqueño; desde luego no lo desempeñó, pero ya estaba en esa nutritiva nómina. Trabajó en el área administrativa y de ahí pasó a la sindical. En el campo de la administración solamente hizo aquello que necesitaba para pasar al área sindical, aquí le decimos “grilla”. Y en el campo sindical hizo lo mismo para alcanzar los primeros niveles, también le llaman corrupción. Tráfico de influencias, concesiones fuera de norma, facilidades para aprobar exámenes de promoción, recomendaciones a granel, y encima el jugoso beneficio de las aportaciones voluntarias y discretas para cambiar de una letra a otra en el escalafón magisterial, fueron acciones más que suficientes para ganarse una clientela aplaudidora a la hora de su ascenso sindical.

 

Desde luego que en el camino fueron quedando muchas víctimas, no se favorece a diez sin afectar a cien. Inevitablemente los favorecidos suelen ser aquellos que de otra manera, por sus propios méritos, no lograrían las plazas, luego los afectados son aquellos que tenían los méritos pero no el padrinazgo de doña Carmen. Ineptitud y deshonestidad son por otra parte las condiciones que permiten a los beneficiarios recibir sus promociones sin el menor escrúpulo. El pago corre a cuenta de los impuestos y del crónico empantanamiento del sistema educativo en esa lejana y marginada sociedad.

 

Oaxaca es uno de los tres estados mexicanos con mayor analfabetismo, su grado medio de escolaridad es del 6.9 por ciento, frente a la media nacional que es del 8.6, y solamente el 0.9 de su población concluye la educación superior, sin hablar de la calidad educativa. Desde luego que la educación no es ajena de la situación económica, mutuamente se estimulan o se estorban. En Oaxaca se estorban siempre bajo el imperio de la impunidad que permite pasar por encima de todas las leyes sin que a nadie le ocurra nada, y como sucede en nuestro propio estado, bandidos y defraudadores exitosos, gente corrupta y vividora, es recibida por la sociedad con sonrisas, apretones de manos y palmadas, porque lograron el poder o el dinero, sin importar la forma. Eso es impunidad en los infractores y complicidad en quienes encima los felicitan.

 

Carmen García sigue ufana en su sindicato; de maestra hace años que se jubiló sin tener las condiciones, pero sigue mandando porque su existencia favorece la continuidad del sistema.