ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Casa tomada

2 de septiembre de 2012

En 1951, la revista Anales, publicó lo que se considera el primer cuento del escritor argentino Julio Cortázar, Casa tomada. La trama expone el significado que para dos hermanos, viejos y solterones, ha tenido vivir y cuidar una casona antigua y espaciosa; el tiempo y la misma vida dedicados al mantenimiento de esa herencia familiar. El nudo radica en la paulatina invasión de esa casa por extraños y desconocidos que se van adueñando de ella pieza por pieza, sin que los hermanos sean capaces de hacer otra cosa que recular. En el desenlace los hermanos acaban por ser expulsados por los invasores, se salen de su casa, la cierran, y tiran la llave por una alcantarilla, no vaya a ser que los ladrones se metan y se encuentren con otros peores que ellos.

Casa tomada es una magnífica parábola de lo que ha estado pasando en México desde la aparición de una delincuencia militarizada, con una estructura jerárquica férrea y una asombrosa organización. La “inteligencia” delictiva se ha mostrado muy superior a la del estado, con admirable capacidad de comunicación y movilización, y sobre todo, capacidad de penetrar todas las instancias sociales y oficiales. Carente de todo escrúpulo ha sabido convertir su otrora especialización para la lucha antiterrorista, en una aplicación contundente del terrorismo tanto para adiestrar a sus efectivos, controlarlos y escarmentarlos, como para irse adueñando por ese mismo sistema de ranchos, pueblos, ciudades, y finalmente el país en su conjunto.

 

A diferencia del cuento de Cortázar, en México uno de los dos hermanos es cómplice de los invasores, y quizás los dos, pero nunca se lo dicen. Uno, o los dos, ha sucumbido a la oportunidad de enriquecerse dejando entrar a los “otros”, sabiendo que al final podrán escaparse del país llevándose consigo los recursos obtenidos, o enviándolos de antemano a sabrá Dios que banco extranjero. Su último acto patriótico ha sido cerrar la casa por fuera y tirar la llave, para evitar a los delincuentes comunes toparse con los que se adueñaron del lugar. El problema nuestro es que dentro de la casa tomada, cerrada y traicionada por quienes debían cuidarla, se queda toda la sociedad, sometida a nuevas esclavitudes y pagando lo mismo a quienes traicionan que a quienes invaden y tiranizan.

 

Ante esa lamentable evidencia, las juras y tomas de protesta de las nuevas legislaturas resultan de antemano grotescas; dentro de las mismas grandiosas salas de la casa tomada, nuevos invasores en connivencia con los perpetuos, levantan el brazo para decir que si no cumplen, la patria se los demande, bien conocedores de que la supuesta patria no les va a demandar absolutamente nada, porque está secuestrada por ellos mismos.

 

Pero mexicanos al fin, no deja de enternecer la emoción maternal con que una bien conocida lideresa ha mirado ascender a los escaños legislativos del 2012 a su hija y a su nieto, y a su compadre y a su sobrino político, allá, en el Distrito Federal, donde una ciudad construida sobre el fango, se hunde cada vez más, por la podredumbre de sus estructuras, y con ella, la nación entera.