ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Charlie Nécro

18 de enero de 2015

La publicación francesa “Charlie Hebdomadaire” tiene una larga historia cuyo inicio se remonta al año de 1960, cuando fue fundada por Georges Bernier como publicación cómica satírica sin una línea política definida. Varias veces fue prohibida por el gobierno francés y luego de cierres y reaperturas, asumió el nuevo nombre de Charlie Hebdo en 1992 con una línea política que agrupaba a todas las izquierdas.

 

A lo largo del tiempo se ha caracterizado como una publicación crítica, satírica e irreverente, dedicada a mostrar con ingenio y sarcasmo las debilidades y posturas de todo mundo y de todas las religiones, en particular, judíos, cristianos y musulmanes, al amparo del derecho a la libertad de expresión. Contemporáneamente la islamización de Europa seguía creciendo sin que al parecer los redactores de la revista lo advirtieran, hasta la madrugada del 2 de noviembre de 2011 en que su sede fue atacada con bombas molotov por “islamistas”. Era el primer atentado violento, luego de largos juicios legales promovidos por musulmanes franceses bajo el recurso de discriminación por motivos religiosos.

 

Los redactores de la revista mantuvieron su línea y lo mismo publicaron caricaturas del profeta Mahoma sin calzones, que de la Santísima Trinidad en posición de “perreo”. Pero en los últimos cinco años dedicaron cada vez más espacio a hacer “bullying” a los “islamistas”, sin olvidarse de los demás.

 

Frente a una publicación de esta naturaleza, las personas que se sintiesen ofendidas podían tomar alguna de estas opciones: abandonar un país cuyas autoridades permiten estos “agravios”, responderles con una publicación semejante, soportarlo todo como un costo adicional al derecho de vivir en el primer mundo, apelar a las leyes desde el campo de los derechos humanos, del respeto a las creencias ajenas, y la lucha contra la discriminación, o abstenerse simplemente de leer la revista. Los llamados “islamistas” tomaron una opción fuera de lista: asesinar al mayor número posible de redactores. Como muchos caricaturistas lo han expresado: balas contra pinceles.

 

El atentado generó poderosas reacciones que mezclan asuntos distintos y reabre un debate que lleva por lo menos dos siglos en nuestra civilización occidental. Por una parte debemos entender que la primera gran protesta de la sociedad es en contra del terrorismo, un tema bastante sensible en los tiempos actuales y también bastante complejo y manipulado dada la confrontación económica entre musulmanes y occidentales, la segunda reacción es en defensa de la libertad de expresión.

 

Pero el tema de la libertad de expresión sigue siendo un debate abierto y sin próxima solución, debate que ha puesto en solfa legislaciones anteriores orientadas a sancionar la calumnia, la difamación y cualquier tipo de agresión que lesionara la fama ajena; el tema choca igualmente con la nueva era de los derechos humanos que busca desalentar todas las fobias, de tal modo que nadie sea objeto de burla, sátira o marginación a causa de su forma de vida. Por lo pronto Charlie Hebdo se ha convertido por unos días en Charlie Nécro, obligándonos a replantear muchos temas pendientes en esta nueva ingeniería global.