ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Cien años

5 Julio 2015

El presente 2015 ha sido un año de efemérides notables, entre otras, el primer centenario de la muerte del general Porfirio Díaz, acaecido el 2 de julio de 1915.

Con este motivo no sólo ha revivido la posibilidad de traer a México los restos del famoso general, sino además, la de reivindicar su figura. De este afán forman parte las diversas actividades programadas por el estado de Oaxaca, entre ellas, la de erigir un monumento ecuestre en honor de este conocido oaxaqueño.

Estas iniciativas suponen dejar atrás la historiografía de héroes y villanos que ha marcado la enseñanza de la historia en México, por lo mismo deben suponer también superar la tendencia pendular de hacer héroe al que era villano y villano al que parecía héroe, para establecer un punto de equilibrio desde un examen objetivo, hasta donde esto es posible.

En los últimos años, diversos estudios y enfoques que se han dado a la vida y la obra de Porfirio Díaz, llevan a destacar la importancia de los resultados positivos que la gestión porfirista dio a México; también coinciden en la reprobación de muchos de los medios usados para alcanzar los fines celebrados. Con frecuencia el juicio negativo que se hace a dichos medios obedece a posturas prejuiciadas o ajenas a los contextos en que ocurrieron los acontecimientos, de por sí contextos bastante semejantes a los que se daban en el resto de los países del mundo occidental.

La indiferencia frente al empobrecimiento social y el atropello cotidiano de la democracia y los derechos ciudadanos figuran en primer plano apenas se evoca la memoria del general Díaz, poniendo olvido a sus grandes logros, en primer sitio la pacificación de un país que desde 1810 no había hecho otra cosa que desgarrarse en todo tipo de guerras intestinas, arruinando con ello el conjunto de la nación. En segundo lugar haber llevado a un elevado nivel la macroeconomía del país hasta hacerlo respetable en el concierto del mundo; esta obra trajo consigo la apreciación de la moneda y la fortaleza económica de una república rescatada de la bancarrota más brutal. La tercera acción significativa del porfiriato fue la extensa red de comunicaciones que dejó a su paso, tanto en caminos carreteros como en vías ferroviarias. Un sitio de semejante importancia lo ocupa el fortalecimiento de las clases medias urbanas, sin las cuales, por otra parte, no habría habido revolución.

Porfirio Díaz fue un gran general, un estratega de la milicia y del estado, pero nunca fue un adalid de la democracia, su pragmatismo realista le impidió pensar en una sociedad mexicana capaz de decidir por sí misma; fascinado con la meta de enaltecer la ciudad capital, sacrificó gustoso el resto del país, dejando una pesada carga de centralismo y presidencialismo que mucho ha seguido dañando el presente y el futuro de México, pero ninguno de estos errores debieran impedir reconocer que en lo positivo ningún presidente de este país ha hecho obras tan grandes como las que realizó él.