ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Ciento quince propuestas

28 de agosto de 2011

Si sumamos las 100 propuestas de López Obrador, con las 15 de Javier Sicilia, ya llevamos 115, más las que se sumen en los próximos tiempos electorales. El objetivo es mejorar, pacificar, o reformar al país. Para López Obrador el camino es la conquista del poder, para Sicilia, el diálogo.

Que la conquista del poder sea el medio para mejorar al país es propuesta riesgosa, pues con frecuencia ha sido al revés, la situación del país se volvió un medio para conquistar el poder, no para mejorar a la nación, con igual frecuencia quienes conquistaron el poder eran sujetos paranoicos dispuestos luego a lo que fuera con tal de mantenerse en él. Qué el diálogo sea el mejor camino es igualmente discutible, ya que este ejercicio de inteligencia exige ante todo interlocutores honestos y capaces. No hay duda de la honestidad de Sicilia, tampoco hay duda de la deshonestidad e incapacidad orgánica de sus interlocutores para cambiar el estado de la cuestión. Por lo mismo el diálogo solamente sirve para desahogo de los honestos y mercadotecnia de los políticos, que escuchan, gimen y hasta lloran, pero no van a hacer nada, y el asunto obsesivo de querer resolverlo todo a base de nuevas leyes que nadie cumplirá ni hará cumplir, es humareda de petate.

Que la clase empresarial mexicana pudiera sumarse a estas cruzadas o generar la propia como en un momento pareció que ocurriría, es igualmente ilusorio; el Gobierno tiene en su mano el recurso de aplicar auditorías a cualquier empresario levantisco, lo de menos es que la auditoría encuentre materia de penalización, si no la encuentra hay mil recursos para inventarla, y nadie se va a arriesgar a que le cierren su negocio con o sin culpa, sobre todo si es con culpa, haya o no participado de ella el mismo Gobierno.

No obstante, movimientos como el de Javier Sicilia pueden ser detonantes de otras acciones cada vez de mayor peso que despierten la conciencia social y haga surgir líderes capaces de generar movilizaciones graduales, inteligentes y civilizadas, cuyo objetivo final sea justamente la transformación de nuestras instituciones y la erradicación de la actual clase política que de ninguna manera debe seguirse reproduciendo.

No en vano los poderosos medios de comunicación han acallado o minimizado el modelo ejemplar del pueblo de Cherán, en Michoacán, donde la población harta de la corrupción permanente de los poderes municipales, estatales y federales, de todos los partidos, de la Policía local y de la foránea, harta igualmente de las mafias que asolan esta región del país y de las mismas complicidades de sus vecinos, se hicieron con el poder. Desde luego apelaron a su herencia cultural de “usos y costumbres” y desecharon los modelos nacionales, copias piratas de otros países que solamente han servido para hundir más a México, o ponerlo al servicio de los intereses extranjeros.