ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Ciudad abandonada

9 de agosto de 2015

No podemos afirmar que el abandono que sufre la ciudad de Guadalajara sea consecuencia de haber perdido las elecciones el partido todavía en el gobierno; ya desde antes el abandono era evidente.

 

El primer índice de observación es el derrumbe administrativo del Centro Histórico. La causa no es la construcción de la Línea tres, sino la ausencia total de las autoridades para paliar los efectos de dicha obra. El colapso de las calles que van de Oriente a Poniente y viceversa se debe en buena medida a que los semáforos de la Avenida Alcalde siguen funcionando como si por esa vía hubiese el tráfico anterior. El departamento de Tránsito está por completo ausente y la ciudadanía no ha dado con las fórmulas adecuadas para suplir la falta de gobierno, además de todos los dramas que ya enfrenta en dicha zona de la ciudad: caída de las ventas, negocios cerrando, hampones de tiempo completo, terreguero pro todas partes, calles cerradas convertidas en estacionamiento, desbocamiento del transporte público, ausencia de vías alternas adecuadamente habilitadas, reguero de basura por todas partes, descuido de parques, jardines y camellones, y la anarquía social cada vez más envalentonada justamente porque la autoridad dejó de existir en la ciudad. Y en todo y por todo, una lamentable falta de imaginación y de interés para resolver los problemas.

 

Cierto que dos meses ante de las pasadas elecciones se soltaron plagas de barrenderos y jardineros con camisetas rojas en la campaña de mejoramiento urbano; andaban por todos lados sobre todo en las zonas más visibles, la idea fue muy costosa, dio empleo temporal a mucha gente, pero era nada más eso, empleo “electoral”. Dígase lo mismo de la campaña “mi bici” igualmente costosa, de resultados magros e infraestructura de caducidad muy temprana. Pasado el carnaval todo volvió a ser miércoles de ceniza.

 

Por si no bastara esta deserción de los “servidores” públicos, los que todavía responden lo hacen en contra de los intereses de la comunidad, el caso más actual y emblemático es el relativo a los taxis privados; a las “autoridades” les importa muy poco lo que piensen los usuarios toda vez que ni por error se les ha ocurrido consultarlos. Tampoco les importan los taxistas públicos, solamente los están usando bajo la fórmula más lamentable: sigan hundidos en su mediocridad siempre y cuando apoyen a los monopolios existentes.

 

El Congreso finaliza su temporada de caza, ojalá y se hubiesen contentado con no hacer nada. Por el contrario, hasta el final mantuvieron su consigna: asegurarse la ganancia personal, cortar el presupuesto a todo, pero no a los viáticos, mantener su estacionamiento privado gratuito, exonerar a medio mundo, bloquear las diputaciones independientes y darles más alas a los talibanes.

 

Por supuesto que les están engordando los problemas a las próximas autoridades. Su falta de imaginación les impide ver que sería más importante el que los extrañaran por la calidad de los servicios que prestaron, a que los maldigan por varios procesos electorales más a causa del impresionante fracaso que ha tenido su “gira del regreso”.