ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Ciudad limpia

16 de febrero de 2014

Ciertamente uno de los grandes temas tapatíos que tendrían que ser considerado es el de la basura, ya que  para hacerlo fracasar una y otra vez han concurrido muy puntualmente la ciudadanía, los servicios de limpieza, la autoridad y los perros. En el Centro Histórico es costumbre que la gente deje en las esquinas sus bolsas de basura abiertas, cerradas, rebasadas, a cualquier hora del día y de la noche sin que haya acuerdo, orientación o compromiso al respecto. Si la gente responsable deja cerradas dichas bolsas, los perros que no se distinguen por su urbanidad, las desbaratan sin remordimientos, lo mismo que las patean los “ninis” y a quien le dé la gana. Por la mañana muy temprano pasa el “carretón” recogiendo y regando dicha basura sin que les importe en lo más mínimo dejar buena parte de ésta tirada sobre dichas esquinas que así permanecen todo el día; en tiempos más primitivos, los servidores de la limpieza urbana portaban escobeta y canasto para justamente recoger la basura que se regara y dejar limpio el sitio, ya que la idea era dejar limpio no sólo recoger como fuera la basura empaquetada; esa feliz costumbre fue abandonada hace ya muchas administraciones con los resultados que se observan. La autoridad participa manteniéndose al margen del asunto.

 

Todavía son muchas las personas que salen temprano a barrer su banqueta aún si saben que muy pronto las turbas que invaden el Centro Histórico cumplirán con la tarea de volverlo a ensuciar sin que pase nada, ya que los programas de vigilancia y multa a quienes hacen esto son como las gripas, que nomás dan de temporada en temporada. Uno de los grandes defectos de la administración municipal ha sido justamente la falta de consistencia, en parte ocasionada por la obsesión electorera que los paraliza permanentemente. Claro que la honesta ciudadanía actúa como los niños, estos amenazan a sus padres de acusarlos por maltrato infantil a la menor amenaza, aquellos apenas se sienten presionado por los señores justicia sueltan la flecha: no vamos a votar por ustedes, aunque en su vida lo hayan hecho.

 

Desde luego hay basureros, se trate de botes, papeleras o sobre todo y muy vistosamente las casas derruidas y abandonadas cuyos dueños por lo menos debieran mantenerlas limpias si hubiese autoridad que los obligara; justamente por vacíos legales y la mano temblorosa del poder, estos lugares se convierten en muladares donde prospera todo tipo de fauna, también humana, son los baños de los “apartalugares”, de vagabundos y aún malvivientes y viciosos. Por lo pronto ya se podría armar un prolongado tour  por las antiguas casas tapatías que se vinieron abajo y así se han quedado, destacándose las dos esquinas que custodian ni más ni menos a la Dirección de Cultura del Ayuntamiento Tapatío; ni duda cabe que las autoridades  saben del asunto, como tampoco cabe duda de que a los tapatíos nos ha faltado creatividad, ingenio y energía para resolver de una vez por todas esta grave situación.

 

No obstante en el Centro Histórico abundan las dependencias municipales cuyos empleados o caen del cielo cada mañana, o llegan en súper camionetas blindadas con vidrios empretecidos justo para que no vean nada, o ya se acostumbraron a mirar basura y ruinas por todas partes sin que les importe.