ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Ciudades piloto

9 de febrero de 2014

Lima y Bogotá fueron por muchos años el vivo ejemplo de la ciudad caótica: tráfico vehicular y peatonal desordenado, centros históricos abandonados, indiferencia vecinal, saturación y rebasamiento de la autoridad, inseguridad permanente, basura por todas partes, contaminación visual, auditiva y aérea, pésima calidad de vida, depreciación urbana.

Pero no hace tanto se introdujo en dichas urbes una nueva visión administrativa que usó la mercadotecnia no para prometer sino para convocar y hacer corresponsable a la ciudadanía de su propio espacio vital, de pronto aparecía un proyecto integral de ciudades piloto dentro de cada ciudad, es decir, circunspecciones bastante bien delimitadas donde todo debía funcionar para que luego fuesen replicadas hasta ir abarcando mayores territorios dentro de la propia urbe: en primer lugar eran territorios seguros, además limpios, restaurados, funcionales, atractivos, con suficiente información, sin marchas ni plantones, habitables y caminables, libres de contaminantes, con señalética de primer nivel, vialidades controladas y diversas, etcétera.

Guadalajara tiene todas las posibilidades para generar un proyecto similar, para ello sin embargo se requiere en primer lugar un liderazgo confiable que proponga y comprometa; mucho más que un presidente municipal trienal, un administrador citadino cuyo servicio se prolongue por más tiempo, al que se le contrate y pague de acuerdo a proyectos y resultados sin que por ello deba prescindirse de un alcalde con un perfil y funciones muy distintas. Este proceso exige un plan integral de desarrollo macro en sus alcances, y micro en su aplicación paulatina y progresiva, ya que de inicio se aterriza solamente en una zona definida, sin ampliarse hasta que no se consolide y dé resultados.

Elemento insustituible de las ciudades piloto es el involucramiento de los vecinos, que responden, aportan y se comprometen en los diversos aspectos que constituyen este tipo de respuestas a la problemática urbana, y a partir de allí, convoca a todas las instancias públicas y privadas implicadas en la generación de espacios urbanos habitables, manzana por manzana, cuadro por cuadro.

Ya hubo en su momento un proyecto denominado “cien manzanas” que sí dio notables resultados, si bien fue constantemente boicoteado por varias razones válidas y muchas más razones inválidas, debido a nuestra peculiar idiosincrasia que nos lleva a atacar a quienes aciertan y a echar por la borda los mejores proyectos nada más por pura y ladina envidia. No obstante el barrio de las “Nueve esquinas” conserva muchos de los beneficios de aquel proyecto. También hace dos trienios un alcalde se lanzó en serio a la restauración del Centro Histórico, un proyecto muy integral que también supo de sabotajes y buenos razonamientos pero que al final quedó a medias y que las administraciones posteriores no iban a retomar por la sencilla razón de que la iniciativa ni había sido suya ni de su partido; ya sabemos que el cáncer de la administración pública es el partidismo, un cáncer que paga toda la ciudadanía, y que explica el lamentable hecho de que Guadalajara sea una de las ciudades mexicanas que ha descuidado con mayor perseverancia su Centro Histórico, hoy prácticamente en la ruina, si excluimos y con trabajo el llamado primer cuadro que parece ser el único existente.

Este mes Guadalajara celebra su 472 aniversario, ojalá que además de todo el prolijo programa de celebraciones se incluya un buen programa para generar en nuestra ciudad esas zonas piloto que bien llevadas pueden dar extraordinarios resultados.