ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Contradicciones preocupantes

1 de febrero de 2015

Aún se escucha el eco dejado por la crisis más reciente ocurrida entre pensamiento “islamista” y pensamiento secular con su secuela mediática de contradicciones y superficialidad, condición que deja en la sociedad más confusión que respuestas lúcidas.

 

Para algunos autores, los dioses peleoneros debieran ser erradicados, aún si actuando así se va en contra de la libertad religiosa. Los seguidores de los dioses peleoneros afirman por su parte que debieran ser erradicados los blasfemos y herejes, aún si actuando así se va en contra de la libertad de expresión.

 

Enseguida unos y otros aducen textos sagrados o leyes consagradas, donde finalmente lo que importa no es la letra sino la manera de interpretarla. El mundo secular considera que la guerra es un mal menor cuando están en peligro los grandes intereses del mercado, por lo mismo invadir y asesinar personas en países enteros es legal, y ahí tenemos los casos recientes de Vietnam, Afganistán, Irak, Panamá, Grenada, Ucrania, o la guerra balcánica.

 

Más de alguna vez los cristianos al no encontrar en los Evangelios otro apoyo a la violencia que algunas parábolas que por su mismo género no constituyen enseñanzas literales, se apoyaron en el Antiguo Testamento, si bien con el acierto de haber desarrollado la doctrina política de la guerra justa, base de las actuales legislaciones sobre la legítima defensa. Desde esta teoría la guerra y la violencia que desata se sujetaban al escrutinio de los tribunales que debían discernir la verdad de la justicia, la legitimidad de la defensa, y la proporción de las reacciones en orden a las acciones, tarea loable que igualmente fue muchas veces corrompida y desairada. Cuando el mundo cristiano se secularice, lo harán también sus instituciones, ya no serán los valores cristianos los que orienten el juicio de los tribunales, mucho menos los que ilustren las decisiones de los grandes imperios contemporáneos.

 

Con esta óptica los “islamistas” enfrentan al mundo secular, desde el momento en que el Corán afirma que puede haber razones para matar a un ser humano, si bien hacerlo sin razón, “es matar a la humanidad”. Y es que una vez que se admite la posibilidad de “razones”, el siguiente paso es preguntarse ¿y quién decide cuándo hay o no hay razones? La respuesta es obvia: la libre interpretación de los textos sagrados, o de las leyes republicanas y democráticas, respaldada por intereses religiosos o económicos, según el caso. De donde podríamos concluir que los llamados islamistas y el imperialismo occidental están a la par, fabricando condiciones que producen terrorismo, afirmando ganar el cielo si se asesina a los gentiles, o apostándole al negocio mundial de las armas que exige la promoción de guerras y guerrillas, lo que se pueda, teniendo a su favor el supremo tribunal de la ONU o el de Al Qaeda. ¿Qué sigue? Sálvese quien pueda de estos asesinos seriales.

 

No se puede matar en nombre de Dios, pero sí en nombre de otros intereses, razón por la cual Europa y Estados Unidos han aterrorizado al mundo.