ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

¿Crisis económica?

3 de abril de 2016

Hace algunos meses, frente a la nueva depreciación del peso, el Presidente de la República afirmaba que los mexicanos tenían la tendencia a asociar depreciación con crisis económica. Le faltó añadir que también los mexicanos tienen la tendencia a asociar a su partido con políticas económicas catastróficas.

 

Por crisis económica se pueden entender diversas cosas, pero para el común de los mortales, o mejor dicho, para la gente pobre de este país, que es más de la mitad de la población, crisis económica significa principalmente dos cosas: que lo que se gana no ajusta para mantener una vida digna, y que por más que se trabaje no se logra progresar. Para las clases medias, crisis económica significa que con lo que habían ahorrado por años, ya no pueden adquirir el bien que esperaban, porque la depreciación lo ha puesto a un nivel más alto, es decir, sus ahorros se han depreciado, aún más, estas personas corren el riesgo de bajar en la escala socioeconómica. Para muchas personas que ya militaban entre los ricos, se hace patente la posibilidad de dejar de serlo.

 

Crisis económica nacional significa que sin haber recibido un solo dólar  en nuevos préstamos, el país debe ya mucho más, pues la caída en el valor del peso aumenta la deuda y lo que se paga en intereses; que el mundo de la tecnología de primer nivel en todas sus infinitas expresiones, cuesta más pesos de lo que costaba hace un año; que dado el carácter insuficiente alimentario de México, se debe pagar ahora más por los alimentos que se importan, y también más por todas las licencias que instituciones públicas y privadas usan para mantenerse en la carretera de la informática.

 

Consecuencia de la crisis es el ajuste de la empresa que más empleados contrata, el gobierno, que de inmediato ha procedido a despedir a miles de trabajadores calificados y no calificados. También la libre empresa está procediendo a ese achicamiento inevitable para su sobrevivencia, aumentando así el subempleo, el desempleo y la tensión social cada vez más sensible, capaz de estallar a la menor provocación, como sucedió en nuestra ciudad con ocasión de la manifestación de taxistas en el Centro.

 

Si se añade a eso la postración de los servicios de asistencia social, cuando la salud y las posibilidades de vida se acortan sin que las instancias correspondientes respondan, la desesperación empuja hacia una frontera norte cada vez más sellada, hacia la degradación de las costumbres a cambio de dinero, o hacia la delincuencia en cualquiera de sus facetas.

 

Desde luego no puede ser ni una maldición ni una coincidencia el que las crisis económicas más severas que ha pasado nuestro país en los últimos cuarenta años se hayan dado con gobiernos emanados del mismo partido que ahora gobierna, lo lamentable es que los integrantes de dicho instituto anden más preocupados por seguir “gobernando” que en analizar a fondo las causas reales que explican esta reiteración de fracasos, a menos que donde nosotros vemos graves errores, ellos vean metas cumplidas ante poderes que escapan a nuestra vista, y sin los cuales  no estarían ellos en los puestos en que están.