ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Cruzada contra el hambre

28 de abril de 2013

Descubrir que en México hay hambre no le dará el premio Nobel a nadie. Advertir que en otros países también hay hambre corre la misma suerte, no así interesarse por lo que naciones como Brasil han hecho para erradicarla. Pero se nos escapa que el hambre en México está bastante diversificada, a tal punto que a la hora de repartir pocos habría que se negaran a recibir; basta pronunciar la palabra “gratis” para provocar tumultos y motines en sociedades como la nuestra; aún si lo que se da no sirve para nada, al fin y al cabo, es gratis.

 

Y es que México ha recorrido un largo trayecto desde la desnutrición hasta  el consumo indispensable, en ese largo lapso de tiempo se ha generado toda una cultura y un lenguaje propio donde la palabra “muerto de hambre” no significa estar a punto de perecer por falta de alimento, sino dos cosas contrastantes: ser un avaro o provenir de una extracción social económicamente muy limitada. Probablemente el muerto de hambre por marginado genera con el tiempo al muerto de hambre por avaro, salir de la miseria fue tan difícil, costó tanto sacrificio, que una vez alcanzada la riqueza se cuida hasta medio centavo; lo cierto es que la percepción real y sobre todo imaginaria de que podemos en cualquier fatídico momento caer o recaer en la miseria, también fortalece la avidez.

 

En esta misma línea de análisis, el término “comer como pelón de hospicio” habla de que en los hospicios se come poco y por lo mismo sus ocupantes se avorazan en cuanto los ponen ante cualquier vianda; ese avorazamiento acaba por generar estilos de vida, formas de ser, actitudes frente al dinero, la comida, las posesiones. Sin duda que la cruzada contra el hambre podría anular, si prospera, un condicionante que produce conductas de “miserable”, otro término para decir lo mismo.

 

Pero estamos en México, un país donde todo lo que toca la política se pudre, también los programas en contra de la desnutrición infantil y de subsidios alimentarios, razón por la cual las dignas personas encargadas de la dicha cruzada han debido establecer límites a su campaña, si coincide con procesos electorales, dicho de otra forma: lo sentimos, se quedarán sin apoyos alimenticios hasta que pasen las elecciones, mientras tanto hagan lo de siempre, aguantarse o seguir aprendiendo a no comer. Todo debido a que los comicios también son otro tipo de campaña contra el hambre, que lejos de aplacarla la despiertan volviéndola incontrolable; es la increíble, inaudita, añorada y ambicionada oportunidad de dejar de padecer hambre de por vida y por varias generaciones si éste o aquél logra el triunfo, y por consecuencia hace efectiva la cruzada contra el hambre comenzando por sus más inmediatos promotores electorales. Y saciar el hambre no se refiere simplemente a poder comer por fin tres veces al día, que mal que bien, la enorme mayoría de la clase política lo hace, sino a dar el salto cualitativo y cuantitativo que convierte al pobre en millonario. Entonces habría que entender que la cruzada contra el hambre se desató desde los tiempos de Miguel Hidalgo, y ha tenido su especial campo de realización exitosa en el medio político, sobre todo si se logra el siempre esperado milagro de hacerse rico sin tener que trabajar.