ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

¿Cuentas claras?

18 de octubre de 2015

Los terribles tres años de la pasada administración municipal de Guadalajara no deben olvidarse: jardines, camellones y plazas en abandono, infinidad de calles con fallas de alumbrado público, ausencia de señalética en las calles, deterioro de un Centro Histórico que apenas seis años atrás había sido más o menos remodelado y restaurado, quedando a medias, sin que el siguiente alcalde metiera la mano para completar la obra, porque no era suya; el saliente tampoco hizo nada al respecto. En el entretanto seguían pintando de rojo cantinero los espacios públicos.

 

A esto se añade el pésimo estado de la carpeta asfáltica en la que cada año se invirtió, se ganó, y las calles quedaron igual. Para medio paliar el desastre se gastó buena cantidad de recursos en obras de espectáculo tipo nueva iluminación de edificios históricos y la intrusión del modelo “Centro sin banquetas” sin prever, como es normal, que todo ese millonario costo sería arruinado en buena medida por todos los acomodos que han debido hacerse al tráfico con motivo de la caótica construcción de la Línea 3. Ni qué decir del programa “Mi bici” que pintarrajeo calles y banquetas que finalmente pocos usan, o del gasto incurrido en avenida La Paz, víctima igualmente de la imprevisión, pues ahora han debido tumbar y quitar.

 

Sólo en vísperas de las pasadas elecciones se trajo un programa federal de trabajo barato contratando a cientos de barrenderos para el Centro Histórico, sólo mientras pasaba el día electoral.

 

Desde luego que el anterior alcalde siempre adujo como justificación que no había dinero y que el Ayuntamiento que él recibía estaba bastante endeudado. Ahora empezamos a saber mucho de lo que ya se sabía ¿Cómo podía haber recursos para un mínimo mejoramiento urbano si todo se iba en nóminas de lujo que con sin igual avidez eran abultadas por todo tipo de añadidos?

 

La tragedia del sistema burocrático mexicano es el egoísmo y la ambición desmedida de los funcionarios a quienes todo les vale muy poco, siempre y cuando ellos obtengan el mayor beneficio, máxime que la oportunidad dura de tres a seis años, así que bajo la ley del ahora o nunca se roba a manos llenas desde el sitio en que se esté, bajo el amparo de la perpetua impunidad.

 

La ciudad de Guadalajara y en particular su Centro Histórico cualquiera sea la medida que se le quiera dar, es en este momento motivo de vergüenza para cuantos en ella vivimos, entre grafiteros, vándalos, apáticos, bandidos y burócratas la han arruinado, situación que exige una toma de conciencia ciudadana muy dinámica y generosa si queremos rescatar lo mucho que aún nos queda, pero este esfuerzo debe alentarse desde el compromiso serio de abatir la impunidad no porque hubo cambio de partido, sino porque un país sólo puede crecer si se acaba con la corrupción de la justicia.

 

Italia acaba de reducir drásticamente el número de sus legisladores, el alcalde de Roma debió renunciar por sospecha de corrupción, Guatemala ha enjuiciado a su elite política en funciones, ¿cuándo tendremos esa capacidad también nosotros?