ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

De China con amor

3 de febrero de 2013

Ser engañado como a un chino fue un dicho nacional, que ha generado una venganza mundial por parte de los chinos, ahora dedicados a engañar a todo el planeta. Y lo engañan cada vez con mayor éxito porque cuentan con la complicidad de medio mundo.

 

Fueron los grandes mercados asiáticos los primeros en verse abarrotados de productos chinos, ya desde la Edad Media, una de cuyas actuales especialidades ha sido la imitación de los más sofisticados productos occidentales. En efecto, lo mismo en las dos Chinas, que en ese increíble tianguis que es Bangkok, y en tantos otros de aquellos rumbos ha sido posible adquirir relojes Longines, Rolex, Jaeger Le Coultre, Cartier, así como ropa y todo tipo de accesorios de semejantes carísimas marcas, reproducidos con una increíble exactitud, y a un precio irrisorio: relojes Bulgari a 10 dólares, y aún más baratos por docena.

 

El ingenio chino radica justamente en su capacidad para imitar, lo hacen con una enorme precisión, lo que delata su espíritu observador y el talento para reproducir con las manos, lo mismo que están agudamente mirando con sus ojos, son una especie de escáner humano aplicado a producciones comerciales en masa, pero su trabajo tiene un pequeño defecto, copian solamente las formas, no el contenido, por lo mismo su reloj Bulgari funcionará cuando mucho 24 horas, y eso si posee una batería occidental genuina.

 

Pero es barato, muy barato, no sirve para mucho ni por mucho tiempo, pero su precio es tentadoramente accesible. Ninguna sorpresa que México esté igualmente inundado de productos hechos en China, no solamente zapatos desechables, sino una infinita gama de herramientas, componentes, accesorios para el hogar, maquinaria, chapas, ropa, pinturas, cerámica decorativa, juguetes y hasta estampitas.

 

Tampoco sorprende que no pocos mexicanos hayan advertido las enormes ventajas del dragón chino, y por lo mismo se dejen engañar comprando, para poder luego engañar  vendiendo, lo hemos vivido en nuestro propio estado cuando contemplamos la maquinaria pesada adquirida por el gobierno seguramente a un precio irresistible, sin que sepamos cual fue el precio final anotado en los recibos oficiales. Las motoconformadoras lucen idénticas a las de a de veras, enormes, bien pintadas, macizas, imponentes, con sus gruesas llantas, sus toldos y cuchillas, las palancas y el motor, todo impecable, nomás no sirven, o sirvieron solamente el día de la demostración, como corresponde a todo producto chino que se respete; y lo que es peor, no hay refacciones, ni promesa de devolución del dinero pagado, o de mantenimiento, nada de nada, porque sería demasiado pedir y un abuso imperdonable que encima de venderlas tan pero tan baratas, todavía quisieran garantías los incautos compradores.

 

Qué bien que se hizo público el desfalco, qué mal que no se haga lo mismo en lo que se refiere a ese infinito mercado de productos chinos que inundan al país, a pesar de nuestras eficaces aduanas, arruinando a los productores mexicanos a pesar de los tratados internacionales, y desfalcando por igual a los amigos de comprar barato.