ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

De Siria a París

22 de noviembre de 2015

Nadie podría demostrar con documentos en la mano que la primavera árabe fue promovida hábilmente por agentes de las potencias occidentales, con Estados Unidos a la cabeza. Pero era muy evidente la alianza entre dichas potencias y los dictadores derrocados uno tras otro en el Mediterráneo musulmán, sólo hubo una excepción, Siria.

 

En Siria el poder presidencial y por ende “democrático”, pasó del padre al hijo, y el hijo no ha mostrado disposición para dejarlo, situación que provocó una guerra de guerrillas por supuesto apoyada por las potencias occidentales, muy preocupadas en la eliminación de las dictaduras ubicadas en esa estratégica zona. No contaban sin embargo con un tercer competidor, el estado islámico, situación que puso entre la espada y la pared los intereses de las potencias y acabó beneficiando al presidente sirio, quién ya desde antes contaba con el “desinteresado” apoyo de Rusia. Entre las nubes de pólvora y odio ahora se conoce el reciente acuerdo de una prórroga del mandato de presidente Bashar al Asad de 18 meses, más los 15 años que lleva ya en el poder más los 30 que gobernó su padre.

 

Por supuesto que no todos los musulmanes son terroristas, los que se dejaron apoyar por las potencias occidentales no lo son aunque hagan terrorismo, sí lo son en cambio los que apoyaron en su inicio al presidente sirio y los que ahora buscan lo mismo que los occidentales, derrocarlo, pero no para someterse a los intereses de éstos, sino para crear una Siria libre de injerencias extranjeras, lo cual no ha sucedido desde los tiempos del imperio romano.

 

Cuando se unen la injusticia y la impotencia el resultado es terrorífico, como hemos podido ver ya desde hace tantos años. Los terroristas musulmanes tienen abundantes armas, algunas sofisticadas y de gran poder, poseen igualmente redes de inteligencia, activistas suicidas y una gran capacidad de maniobra tanto en Europa como en Estados Unidos, pero carecen de flotas de guerra marítimas, divisiones aéreas de última generación, o satélites orbitando y espiando al planeta. Tal vez su causa sea justa, pero son impotentes frete al poderío occidental, por lo mismo se van por el clásico camino de la guerrilla urbana y rural, la más difícil de controlar y también la más criminal.

 

Los intereses en juego son colosales y Francia es parte crucial en ellos, junto con Alemania. Estados Unidos e Inglaterra bien podrían hacer su propio bloque y acabar con los musulmanes levantiscos y de pasada debilitar a la Unión Europea, pero de momento parecen alinearse con los damnificados de la violencia extremista.

 

Violencia nunca justificable por más que sea explicable, ya que en este tipo de masacres indiscriminadas las víctimas lo mismo pueden ser simpatizantes que opositores. La respuesta ha sido la previsible, no una renuncia a dejar de entrometerse en los asuntos internos de las naciones, sino un reforzamiento de dicha intromisión, pues ahora tienen todavía más pretextos. Esta postura hace que las mismas naciones occidentales carguen con parte de la culpa en los atentados ocurridos.