ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Democracia hondureña

5 de julio de 2009

Cerca de ocho millones de habitantes distribuidos en dieciocho departamentos, sobre un territorio muy accidentado en que conviven la selva y las montañas con alturas superiores a los dos mil metros, constituyen la república democrática presidencialista de Honduras. San Pedro Sula y Copán son los atractivos más conocidos de este pequeño país, el primero por sus playas, el segundo por su herencia arqueológica maya.

 

Ha sido también el más reciente protagonista de la comedia democrática latinoamericana, con una renuncia escrita y firmada por un presidente que ni renunció ni firmó nada, pero cuya carta fue solemnemente leída ante el Congreso de aquel país, procediéndose luego a la designación de un nuevo presidente.

 

En Honduras solamente han existido dos partidos importantes, el liberal y el nacional, heredero éste del conservador, jalonados históricamente por las dos compañías bananeras de la nación, que al fundirse en una sola, la United, acabó siendo la mayor propietaria del país en 1929. Ya en 1924 Honduras había conocido a los marines que la invadieron para salvaguardar los intereses económicos de la United, cuyos crecidos beneficios de muy poco servían a los hondureños, pese a ser Honduras el mayor exportador de plátanos. Esta fuerte presencia norteamericana llevó a sugerir la oportunidad de que el país se incorporase a Estados Unidos con un régimen similar al de Puerto Rico.

 

Del modo que sea, el siglo XX ha sido un muestrario intermitente de dictaduras, como la de Carías y la de López Arellano, y golpes de estado, como los de Melgar Castro y Policarpo Paz, que parecían haber terminado con la presidencia de Carlos Roberto Reina, quien en 1994 había lanzado toda una ofensiva para disminuir el poder de los militares, cosa que al parecer no logró del todo.

 

En este penoso trayecto la implantación en Honduras de las directrices económicas del FMI ha resultado desastrosa, empobreciendo a las clases medias y llevando a la miseria a quienes ya eran pobres, en un país donde abundan las riquezas naturales, y por lo mismo los intereses oligárquicos.

 

Es evidente que la crisis que ha atravesado el gobierno de Zelaya tiene mucho que ver con la polarización que actualmente experimenta América Latina, decantándose rápidamente en dos grandes bloques, uno alineado con Norteamérica y sus estrategias políticas y económicas, y el otro alineado con estrategias de corte socialista, cuyo liderazgo se discuten Brasil y Venezuela, y bajo cuya línea se acogen Bolivia, Nicaragua, Ecuador y Cuba, y con más lejanía Chile.

 

Zelaya quiso hacer lo mismo que Hugo, ganar democráticamente, para luego perpetuarse en el poder manipulando la democracia por medio de reformas constitucionales, lo cual resultó amenazante para los intereses tanto locales como  extranjeros.

 

No obstante resulta paradójico que la actuación al parecer poco democrática del presidente derrocado, se haya realizado con recursos  antidemocráticos, y que los líderes del congreso, de la empresa y del ejército, no tengan escrúpulos a la hora de afirmar que el golpe no fue golpe y que la democracia sigue viva, aunque esté metida en honduras.