ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Detección de adictos

11 de marzo de 2012

El anuncio reciente de la ANUIES acerca de la aplicación de exámenes para detectar adictos en el espacio universitario ha desatado notables polémicas y las consabidas declaraciones.

 

No es un tema fácil ni puede ser abordado desde una sola perspectiva. En principio es evidente que el problema de la drogadicción tiene como trasfondo un nuevo modelo cultural de amplias perspectivas que como tal, incluye el sistema económico, las condiciones de la competencia laboral, las nuevas formas de convivencia humana y familiar, los medios por los cuales la gente satisface sus necesidades primarias, entre las cuales no debe excluirse el esparcimiento. Tampoco debe ignorarse la facilidad social con la cual en el momento presente la satisfacción de toda necesidad tiene a volverse viciosa y por lo mismo adictiva. Esto desde luego tiene un alto costo social y económico, pues es la fuente de la llamada crisis de los valores tradicionales, que al socializarse complejiza todavía más el problema.

 

Por otra parte, el hecho de que un alto porcentaje de estudiantes esté acudiendo a las drogas por placer, por vicio, por escape, por lograr un mejor rendimiento, para sobrevivir al divorcio o ausencia de sus padres, a una experiencia prematura de orden sexual, al aislamiento cibernético, al rechazo grupal, para soportar ser “ninis” por un tiempo indefinido, por mimetismo o para no desentonar en el antro, o por lo que sea, prueba de manera contundente el fracaso del propio sistema educativo a partir de su parcialización, es decir, cuando la educación dejó de ser una escuela para aprender a vivir como seres humanos, y se redujo a una instancia capacitadora para ganar dinero.

 

Es muy relevante que la ANUIES, Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior, se preocupe ante el grave tema de las adicciones, pero si solamente pretendiera resolverlo por medio de pruebas detectoras y programas de recuperación, estaría llevando a las escuelas otro tipo de violencia muy adecuado a incrementar las fuertes presiones que ya pesan sobre toda la sociedad, especialmente sobre los jóvenes.

 

Desde luego no se producirían narcóticos ni se traficaría con ellos, si no hubiese demanda, y si decimos que el problema no está en la demanda sino en la producción, le estaríamos dando la razón a los Estados Unidos, que consideran que sus millones de adictos son víctimas inocentes, en tanto los malosos son quienes producen y trafican con las drogas.

 

Nos ha hecho falta evaluar a fondo el modelo cultural en el que nos hemos adentrado sin haber hecho un previo discernimiento, un modelo que involucra todas las dimensiones de la vida humana y en cuya promoción y fortalecimiento tienen hoy capital importancia las nuevas formas de la comunicación y desde luego el modelo económico en el que estamos inmersos, sin este esfuerzo integral toda propuesta, preventiva o remedial, acaba siendo de muy limitados resultados.