ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Día de muertos

31 de octubre de 2010

O de los fieles difuntos. Solía celebrarse en México solamente el primero de noviembre para los difuntos niños, y el día 2 para conmemorar a los adultos fallecidos. En la actualidad todos los días se han vuelto días de muertos en nuestro país.

 

Sobre las causas de la violencia desatada que se vive se ha gastado mucha más tinta que la sangre derramada. Los remedios en curso han por su parte revelado su permanente fracaso. Ni el Gobierno, ni el Ejército, ni la Policía, ni los servicios de inteligencia nacionales o extranjeros, han podido evitar esta crisis de seguridad nacional. La captura de capos ha producido solamente impactos mediáticos y mercadológicos, sin otro efecto que agilizar los relevos en los mandos de las mafias, objetivo siempre codiciable para quienes desean ocupar los primeros puestos en estas estructuras criminales. Entre tanto, una parte notable de la ciudadanía sigue consumiendo drogas en las calles, en los antros y donde sea, potenciando el gran negocio del narcotráfico, así se hunda la nación entera.

 

Ante el caos general, los delincuentes callejeros hacen de las suyas robando, hiriendo, golpeando y manteniendo un clima de inseguridad ubicua que hace a todo mundo vivir en el temor y en la angustia, en el duelo y sobre todo en un creciente resentimiento hacia personas e instituciones responsables de este ambiente. Desde luego, en algunas regiones del país ya nadie quiere ser policía, ni siquiera alcalde, lo cual apunta a una deserción final del Gobierno. Su ineptitud y su complicidad produjeron el problema, y ahora prefieren escapar mientras tengan vida; las ganancias inmorales pero legales, o ilegales e inmorales han pasado a segundo término.

 

Colateralmente la violencia de los ciudadanos comunes corre pareja con la organizada; una mezcla fatal de indisciplina, brutalidad y anarquía produce cotidianamente accidentes por todas partes y aún carambolas que afectan la vida de cientos de personas en principio inocentes. Porque todo mundo lleva prisa, porque todo mundo quiere tener un auto, porque el transporte público es básicamente un mal que se busca evitar, porque las soluciones-capricho de los gobernantes son a corto plazo, razón por lo cual se empecinan en obstruir aún más el tránsito citadino con el sistema de Macrobús, porque dicen, el tren subterráneo cuesta más; como si lo fueran a pagar ellos, que al final solamente ganan, pero quieren ganar aquí y ahora, no para dentro de uno o dos trienios.

 

En todos los casos dos factores sobresalen: la sociedad que lo permite, lo produce, lo hace; y buena parte de los gobernantes invisibles que solamente dan declaraciones pero que son los principales responsables de este vacío de poder, de esta ausencia de orden y disciplina, de educación cívica e impartición de justicia que puede llevar  a un verdadero colapso del país, es decir: a un Estado fallido.