ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Diseño urbano

15 de febrero de 2009

Las 62 familias que fundaron Guadalajara en el Valle de Atemajac hace ya 467 años, le dieron a la ciudad el diseño urbano más novedoso de la época, la cuadrícula orientada, es decir, calles de Oriente a Poniente, cruzadas por calles de Norte a Sur, así subieran o bajaran.

 

Esa cuadrícula se fue prolongando con el crecimiento de la ciudad en las cuatro direcciones señaladas desde su origen, con calles cada vez más amplias en virtud de las novedades que la movilidad urbana iba generando.

 

El siglo XX impuso de manera creciente la posibilidad del traslado de personas en vehículos individuales como necesidad, comodidad y hasta prestigio, a despecho de un transporte público cada vez más atiborrado, deficiente y arbitrario. Inevitablemente se hizo necesario ampliar calles y prolongar avenidas que dieran cabida a un transporte vehicular cada vez más nutrido, con la ayuda relativa de túneles, puentes

y pasos a desnivel de todos los tamaños.

 

Cualquier esfuerzo de esta naturaleza ha demostrado siempre sus limitaciones y hasta su fracaso, si exceptuamos la propuesta de la movilidad ortogonal que en su momento expuso el ingeniero Matute; sabemos también que la respuesta a la movilidad urbana supone un plan maestro para la ciudad que disminuya la necesidad del traslado masivo de personas de extremo a extremo, lo cual nos llevaría a la creación de núcleos autosuficientes, propuesta ideal y difícil cuya alternativa es y seguirá siendo el transporte colectivo subterráneo.

 

En Guadalajara pues, esta percepción no cala, todavía peor, con base a una teoría parcial sobre el triunfo del peatón sobre el automóvil, se están estrechando calles y avenidas por todas partes, en una guerra absurda cuyo lema podría ser “diga no a las calles”, y su objetivo oculto muy simple: si ya no hay calles, mejor deje de usar su automóvil; de esta forma no invierten en lo que se debería, el transporte subterráneo, pero si se tiran los recursos en hacer esquinas cabezonas y ampliar camellones a los que de todas formas la gente no se va a meter, así los hagan espléndidos jardines, ¿quién va a querer pasarse una hora siquiera en la avenida

Chapultepec, o en la glorieta de la Minerva, con el aire irrespirable que existe? ¿Qué razón había para quitarle un carril a la avenida de La Paz, a quién beneficia? En todo caso cierren por completo Chapultepec y que sea parque de lado a lado; por más que se trate de una zona con muy bajo nivel poblacional, alguien irá.

 

El Centro Histórico tiene una posibilidad: cerrarse y que el comercio se salga de ahí o se ingenie, en tanto la zona nuevamente redensifica su población; esta solución podría dar vida no solamente a las casas viejas y abandonadas que por ahí abundan, sino a una veintena de grandes edificios que permanecen vacíos en diversos rumbos del centro, mientras en las periferias de la ciudad se hacina la gente en condiciones infrahumanas. Hay asuntos en que las soluciones a medias resultan mucho peores que la falta de soluciones.