ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Doble homicidio

30 de julio de 2017

La escena no puede ser más devastadora. No se trata de una serie de televisión, de una película o un anuncio comercial. Es el instante en que dos seres humanos, cumpliendo con su deber, son fríamente asesinados como si se tratara de dispararle a cosas o muros.

 

Durante más de cuarenta años estas personas venían construyendo su existencia. Fueron niños, acudieron a la escuela, crecieron, hicieron una familia, eligieron un trabajo para sostenerse en la vida, amanecieron un viernes de julio, salieron de su casa con la esperanza de regresar y continuar con su existencia, y en menos de tres segundos los mataron de la manera más sanguinaria y perversa.

 

Su muerte ha dado lugar como era de esperarse a alegatos, protestas y búsqueda de cabezas que cortar, es la oportunidad de irse a la garganta de estos o de aquellos con o sin razón. Las familias, hasta donde se sabe, han sido satisfechas con los seguros y demás garantías que se otorgan para el caso, pero el hecho permanece intacto, la muerte artera que sufrieron sin haber merecido ni la más mínima oportunidad.

 

El criminal podía haberlos desarmado y sometido, no actuaba solo, podía haberlos simplemente herido, pero le pareció mucho más práctico, fácil y seguro quitarles la vida, eliminarlos para siempre, cegar sus existencias como si fuera dueño de ellas. La escena es impactante no solamente por el hecho de ver en directo el momento en que dos personas inocentes son asesinadas, sino además porque pudimos constatar todos la existencia de delincuentes de esa calaña y experimentar una indignación sin límites ante la saña fría, simple y directa de ese asesino.

 

Sabemos, porque todos los días las noticias lo revelan, de la gran cantidad de personas que son diariamente asesinadas en nuestro país, muchas con huellas de tortura, de maneras atroces, pero nunca es lo mismo saber que ver; se requiere de más tiempo para asimilar el hecho de mirar desplomarse a dos personas abatidas por un arma de fuego, mientras el criminal sigue su camino campantemente, con la mayor frialdad, como si sólo hubiese quitado bultos que le estorbaban el paso.

 

No podemos acostumbrarnos a esta situación. No podemos seguir tolerando a gobiernos ineptos cuyos titulares se toman fotos en estos y aquellos actos públicos cuando que su principal deber y obligación la están desatendiendo: brindar seguridad a la ciudadanía. ¿Revocación de mandato? ¿Consulta ciudadana? No se requiere gastar millones de pesos en este tipo de tramoyas demagógicas, los hechos hablan, no sólo deberían irse, es que nunca debieron haber llegado, y lo peor, aspiran a seguir viviendo del presupuesto ante la inminencia del cambio de gobierno federal, estatal y municipal.

 

Y sí, hay todavía un hecho de mayor preocupación. Ese asesino que todos vimos anda suelto, ese ser brutal y despiadado que acribilló a dos policías sin darles la menor oportunidad, ese carnicero que ha perdido todo rastro de humanidad, ese pobre ser que vive como parásito social robando y matando, sigue acechando en nuestra ciudad, y como él hay muchos más aquí y en el país entero. Todos debemos sentirnos responsables, ¿Qué no hemos hecho bien, qué estamos haciendo tan mal como para que estas cosas sigan ocurriendo?