ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Domingo de Ramos

28 de marzo de 2010

La lectura atenta del relato de la Pasión de Cristo en cualquiera de sus cuatro versiones evidencia la condición permanente del ser humano y de sus instituciones. En este acontecimiento histórico son actores prominentes el poder político de un estado y el del imperio. Hoy diríamos, la relación que se da entre México y Estados Unidos. La sociedad judía, al igual que la mexicana acaba convertida en un actor secundario que ha de moverse a tenor del libreto escrito por el estado o por el imperio. El pueblo como tal tiene su oportunidad de manifestarse espontáneamente el Domingo de Ramos y aclamar con júbilo el cúmulo de expectativas que representa el surgimiento de un líder trascendente, Jesús. Pero esa espontaneidad positiva del domingo se revertirá el Viernes Santo, cuando bajo el influjo de otros líderes, pragmáticos y oportunistas, pidan a gritos la muerte de aquél que apenas unos días antes habían aclamado como su rey.

 

La fragilidad de las leyes es un tema de fondo; están sometidas al intérprete del momento, a la salvaguarda de los intereses del intérprete, a la corrección política del estado y del imperio, a sus mutuas coincidencias. La verdad de las acusaciones formuladas es irrelevante y más irrelevante argumentar al respecto ya que la decisión de culpabilidad ha sido previamente tomada. Entonces como ahora es culpable quien conviene que lo sea, lo demás es puro idealismo.

 

En cuanto cercanos y lejanos perciben que Jesús no tiene escapatoria, suena la hora de tomar distancias. Los abundantes amigos del triunfador se diluyen dramáticamente cuando el triunfador deja de serlo. Cualquier tipo de asociación con una persona públicamente infamada resulta peligrosa para los hombres mezquinos y calculadores, puede resultar un obstáculo en la propia carrera, máxime considerando que los ascensos los otorga quién ahora funge como juez condenatorio del idealista nazareno.

 

Semejante a Jesús, México anda hoy de Herodes a Pilatos, entre el gobierno de aquí y el gobierno de allá, sometida la sociedad al fuego de amigos y de enemigos, expuesta todos los días a la pérdida de la vida, de la seguridad y aún de la misma dignidad por la connivencia de las mafias, por las estrategias de los políticos, por las relaciones bilaterales. Con los ojos vendados no puede señalar a los verdaderos responsables de su afrenta cotidiana, con las manos atadas no puede parar los golpes que recibe, y mientras esto ocurre vuelven a hacerse amigos los Herodes y Pilatos de dentro y de fuera del país.

 

A diferencia de Jesús, la sociedad mexicana se ha debilitado a tal punto que resultan por todas partes las enfermedades oportunistas, empeñadas en sacar provecho antes de que el paciente muera, o reaccione y se sacuda a todo ese mundo infesto de microbios y bichos que le carcome.