ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Don Trump

20 de septiembre de 2015

El primer Donald al que yo conocí era un pato. Tenía nacionalidad norteamericana, era muy corajudo pero chistoso, hablaba de manera ininteligible, tenía miles de admiradores entre los niños pero también poderosos detractores entre los adultos pensantes. Finalmente era un ser de ficción.

 

En su sitio opera con enorme dinamismo otro Donald de parecida personalidad, pero muy rico y sí existe. Desde hace semanas llena periódicos, noticieros televisivos y todas las redes sociales no sólo por su avance hacia la candidatura presidencial republicana o por sus declaraciones sobre todo tipo de asuntos, sino particularmente por su postura frente a los mexicanos en general y los migrantes en particular.

 

Cuantos se han sentido ofendidos por sus afirmaciones han reaccionado de diversas formas acudiendo a tales o cuales medidas de “castigo”. Y todo por decir lo que piensa y lo que seguramente piensan muchos lo mismo en Estados Unidos que hasta en el mismo México acerca de los propios compatriotas y de los migrantes. Claro que don Donald no solamente habla, también propone, gesticula, manotea, salpica, irrita y amenaza, y sí, como que la trae con los paisanos; oyéndolo pareciera que este señor vio películas mexicanas como “La ley de Herodes”, “Todo el poder”, “El infierno”, o “La dictadura perfecta”, y que además él sí se las tomó en serio, tan en serio que decidió generalizarlas llegando a la rápida conclusión de que en este país todo mundo es tal y como aparece en las mencionadas películas.

 

También es muy posible que don Donald haya seguido de cerca lo que los medios informaron sobre tales o cuales casas de funcionarios de muy alto nivel, haya igualmente advertido con mayor agudeza lo que significó la decisión de la Suprema Corte en torno al caso de la señora Florence, la exoneración del hermano incómodo de don Carlos, y la asombrosa facilidad con la que los capos de ayer y de ahora pueden escapar de los penales de alta seguridad. En una de esas hasta tiene información reservada del modo en que México trata a los migrantes que intentan entrar a nuestro país por la frontera Sur, sea para permitirles montarse a la “bestia”, sea para ignorar las vejaciones que sufren. En pocas palabras, todo indica que buena parte del material que el precandidato güero tiene acerca de México y sus habitantes, aquí mismo se produce en películas, documentales, periódicos y conductas, es como si en el fondo coincidiéramos.

 

Y para mejor demostrar ciertas similitudes entre las opiniones de don Donald y las nuestras, está a la vista el espinoso asunto de los migrantes en su paso por Guadalajara, y la oposición de los tapatíos para que en su colonia se ubiquen casas para asistirlos, porque, y he ahí de nuevo las indebidas generalizaciones, son malvivientes, delinquen por donde pasan, atraen a los delincuentes locales, trafican, y hasta se ven feos.

 

Por supuesto que a don Donald lo que le interesa en este momento es llegar a candidato, para lo cual canaliza en su provecho lo mismo las percepciones reales que las ficticias de sus compatriotas en este tema, invocando sus demonios ancestrales.