ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Dragones chinos

25 de enero de 2015

La noticia divulgada es que en 2014 China creció económicamente sólo en un 7%. La noticia no divulgada es que había venido creciendo anualmente al 10% y decidió reducirlo, desacelerar su economía porque sus analistas financieros así lo recomendaron. Tampoco nos han informado que en 18 años China dobló dos veces su producto interno bruto, es decir, creció en un 200%, y el actual presidente, Xi Jinping, se ha comprometido a doblarlo de nuevo pero en menos tiempo; y sí le creen, porque ya ha ocurrido.

 

Aunque en el ámbito internacional China sostiene una política no imperialista, es evidente que su empuje económico y comercial compensa de sobra su postura. En los últimos años esta inmortal potencia ha fungido además como el gran prestamista mundial, que cuenta entre sus principales acreedores a Estados Unidos, administra el canal de Panamá e invierte ya en la construcción del nuevo canal de Nicaragua. De igual manera ha hecho cuantiosos préstamos a diversos países latinoamericanos donde sus inversiones van a la par.

 

México no es ajeno al poderoso dragón chino. Su presidente ha estado ya en nuestro país, y el nuestro ya viajó en reciprocidad al suyo. Para el mundo comercial mexicano China es lo mismo maldición que beneficio, pues su agresiva productividad y comercio ha afectado desde hace años a numerosas industrias con precios más allá de lo competitivo, sin considerar la política de acaparamiento de materias primas que este país ha venido jugando por décadas. Por otro lado son innumerables los distribuidores mexicanos que se benefician de los precios chinos, y la misma gente que compra, independientemente de la calidad de los productos, que China los sabe hacer lo mismo desechables que duraderos.

 

Estados Unidos no ha dejado de advertir la llegada de masivos capitales chinos a América Latina, ha seguido la ruta de los presidentes latinoamericanos por Asia, ha evaluado su significado y sopesado el monto de préstamos e inversiones, lo mismo que sufre el modo en que China ha alterado el estatus que Estados Unidos había establecido en el extremo oriente desde el final de la guerra de Corea, y seguramente le preocupa y mucho.

 

Ninguna sorpresa que haya sido precisamente la CNN, portavoz no oficial pero efectivo de los intereses geopolíticos y económicos estadounidenses, o el Wall Street Journal, quienes golpean severamente y en el peor momento, al presidente mexicano, sacando a relucir el asunto de una casa blanca ¿desde la casa blanca? O desde Ixtapan. La noticia seduce de inmediato a muchos periodistas deseosos de este tipo de noticias que abonan al vértigo de la inestabilidad y al oculto y morboso deseo de que todo se desplome, más allá de la objetividad de los hechos, de por sí lamentables.

 

Si yo fuese el señor presidente Obama que manda llamar al señor presidente Peña, no le hubiese preguntado por los normalistas de Ayotzinapa, le hubiese dicho: ¿Qué se traen pues con China? Por lo pronto una inversión china deberá esperar; asunto menor, los chinos son realistas e impasibles, pero tenaces.