ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Educación ciudadana

22 de febrero de 2009

Concluyen los festejos con motivo del 467o. aniversario de la fundación de Guadalajara en su sitio definitivo. En este amplio periodo han cambiado muchas cosas, la Guadalajara de 1542 es apenas una leve silueta comparada con la de 2009, no obstante por más de cuatro siglos la ciudad pudo crecer sin perder los valores fundamentales de sus fundadores, como fueron en términos actuales: audacia, autogestión, solidaridad social, apertura, sentido de la vida, consenso, dinamismo económico, apuesta por la educación.

 

En el momento presente buena parte de estos valores se han debilitado en la vivencia cotidiana de la sociedad, y de manera muy sensible en el nivel educativo de la comunidad, esta limitación hace naufragar los mejores proyectos y pone en riesgo costosas inversiones. No es fácil saber si los tapatíos se han degradado o si han llegado a la ciudad infinidad de personas ya degradadas, o que incluso nunca tuvieron la más remota idea de lo que es vivir en una ciudad.

 

Insistir en que la ciudad es responsabilidad de todos suena bien, pero no basta hacer declaraciones de principios, si no se genera una estructura educativa permanente y gradual que efectivamente eduque a los ciudadanos en el uso adecuado de la ciudad. Muy poco les ha importado a los camioneros subirse a las banquetas con sus pesadas unidades, aunque tal acción las destroce, ellos llevan prisa y eso es lo importante. Carecen del menor respeto los glotones que dejan en las ventanas ajenas botellas, vasos o bolsas que no han de ir cargando hasta donde haya un bote de basura. Son irresponsables los paseadores de perros dedicados a ensuciar las banquetas ajenas, ellos están felices con sus mascotas, pero son los vecinos quienes han de limpiar los deshechos que dejan sus animales por todos lados. Son verdaderos delincuentes quienes se dedican a pintarrajear las fachadas de los demás, pues pintarlas tuvo un costo, y de nada va a servir el programa municipal que pretende cubrir tales garabatos, si no hay un proceso educativo y aún coercitivo que frene este vandalismo. Ya sabemos que ni toda la policía bastaría para cuidar la ciudad, si en efecto no se otorga a la ciudadanía una adecuada y permanente educación cívica.

 

Vaya usted al Centro Histórico, admire el enorme esfuerzo que con nuestros impuestos realiza el Ayuntamiento para renovar sustancialmente el Centro Histórico, advierta sobre todo las obras de infraestructura que luego serán cubiertas y ya no podrá valorar, comience a comparar el ayer con el mañana que ya se asoma, pero observe también las actitudes de la gente y descubrirá hasta qué punto urge un integral programa de educación primero y de vigilancia y coerción después, un programa sustentable, pedagógico, constante, apoyado por los medios de comunicación, por organizaciones ciudadanas, por las escuelas y auxiliares de todo tipo que incluya en su momento las inevitables sanciones aún si son tiempos electorales, pues estamos llegando a un punto en el que el ejercicio de la disciplina es lo que garantizará el voto, y no la ausencia de autoridad como se ha venido estilando.