ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Efectos secundarios

24 de septiembre de 2017

El efecto secundario del poder es la ceguera. De la misma forma en que la ambición puede llevar al servilismo, la búsqueda del poder y de sus privilegios trae consigo una ceguera tanto más grave cuanto más obsesionada está una persona por adquirirlo o conservarlo.

 

La amistad más peligrosa es la que se da entre el poder y el dinero. Cuando el poder es visto como el camino rápido y fácil para adquirir la mayor riqueza posible esta asociación se vuelve criminal. Y es que este consorcio toca fibras muy sensibles de la condición humana, frecuentemente dañadas por circunstancias personales o históricas. El poder da seguridad al que lo detenta, por eso los inseguros lo buscan con ansiedad. El dinero da certeza de futuro, sobre todo a quienes han tenido un pasado precario.

 

Que de pronto en México se conozca que una suma estimada en siete mil millones de pesos ha desaparecido, y que entre las instancias implicadas en la desaparición se hallen tanto universidades públicas como secretarías de gobierno, y que los titulares digan no haber visto nada significa que dejaron de ver todo desde el momento en que lograron lo que buscaban, el poder y el dinero.

 

Muestra aún de mayor ceguera es que personajes muy importantes de la vida política de la nación hayan incluso reprochado a quienes evidenciaron este fraude su compromiso “excesivo” en este tipo de investigaciones.

 

No obstante el tamaño del robo, de los implicados, de los medios usados y de la irresponsabilidad que acompañó hasta ahora este delito, los grandes medios de comunicación televisivos, los que llegan a las masas sociales, se han dedicado más bien a dar horas y horas de cobertura al penoso incidente de la joven asesinada en Puebla, mancillando el lamentable hecho desde el momento en que lo usan como un distractor de los grandes y decisivos asuntos que afectan a la vida nacional, pues el tema de la inseguridad no es ajeno al de la deshonestidad con que tantos funcionarios públicos manejan nuestros recursos.

 

Pero por si faltaran distractores tres estados del país sufrieron los efectos destructores del sismo del pasado martes, sumándose a lo ocurrido en Oaxaca y Chiapas. Centenares de personas perdieron sus bienes, muchos perdieron la vida, otros están heridos, miles más han mostrado su solidaridad en el rescate de las víctimas mientras los funcionarios públicos hacían declaraciones sin recoger un solo ladrillo.

 

Que reconstruir las zonas dañadas requiere de recursos, por supuesto que sí. Sumemos los siete mil millones de pesos “desaparecidos”, más los seis mil millones de pesos que se han otorgado a los partidos para que los tiren en propaganda política el próximo año, más los veinticinco mil millones que pide el INE para iguales fines y ya tendríamos no los quinientos millones para el fondo metropolitano de desastres, sino treinta y ocho mil millones de pesos, más que suficiente para reconstruir todo lo que se cayó, indemnizar víctimas, gratificar voluntarios, compensar los gastos hospitalarios y aún sobraría sin necesidad de hacer colectas extraordinarias, solicitar donaciones o gratuidades, pues mucho de lo que en estos dramáticos casos se dona va a parar a las manos ávidas de los funcionarios. En efecto el poder ciega.