ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Efemérides incómodas

26 de abril de 2015

La vida social está llena de efemérides, pero no todas son memorables y algunas resultan incómodas. Para los judíos conmemorar cada año el genocidio de que fueron víctimas es un apelo a la prevención y una constante denuncia de dicha atrocidad, aún si muchos pueden sentirse incómodos.

 

En días pasados el Papa Francisco hizo mención del primer centenario del genocidio armenio, recuerdo que constituyó un acto de justicia para los descendientes de las víctimas, pero también un recuerdo incómodo para quienes se sienten herederos de los victimarios.

 

El pueblo armenio tiene ya una antigüedad considerable, es de hecho una de las antiguas civilizaciones del medio oriente; a principios de nuestra era se convirtió al cristianismo, constituyéndose en el primer país que adoptaba oficialmente la fe cristiana, estamos hablando del año 301. Esta decisión reconfiguró profundamente su cultura dándole una notable solidez, pero a partir del siglo XV, y definitivamente en el XVI, bajo el gobierno del Sultán Selim II, quedó bajo el dominio del imperio musulmán en su versión turca. A principios del siglo XIX parte de su territorio fue anexionado por Rusia, de manera que habrá una armenia rusa y otra otomana.

 

En lo que mira a la Armenia otomana debemos recordar que el islamismo ha practicado casi siempre una política de reducción de las comunidades cristianas sea por medio de la marginación social, que incluye la exclusión educativa y una carga impositaria especial, pero además por la expulsión, y en este caso, por el exterminio.

 

El genocidio recordado por el Papa ocurre en el ámbito de la guerra entre Turquía y Rusia, en el espacio amplio de la Primera Guerra Mundial, justamente por la suspicacia turca frente a comunidades cristianas armenias que se veían en mejores condiciones bajo el imperio ruso que bajo el turco, visión que podía mover la balanza bélica en favor de los rusos. Esta sospecha llevó al gobierno turco a una decisión fatal, fustigar a los cristianos de Armenia. La primera acción fue la aprensión y posterior desaparición de todos los intelectuales armenios el 24 de abril de 1915, día que el pueblo armenio estableció como fecha conmemorativa del genocidio. El resto de la población será sometida los siguientes dos años a éxodos obligados en las peores condiciones, reubicaciones, aprensiones, racionamiento y maltratos que produjeron la muerte de entre 650 mil y 1 millón y medio de armenios en ese estrecho periodo de tiempo.

 

El gobierno turco, que sigue aspirando a formar parte de la Unión Europea, se considera de algún modo heredero de los victimarios, puesto que se incomoda seriamente cada vez que se hace mención de dicho genocidio. Los japoneses han actuado con mayor responsabilidad histórica, aunque tardía, toda vez que los últimos primeros ministros de aquel país han reconocido finalmente su responsabilidad en las atrocidades que cometieron en China, antes de iniciar la Segunda Guerra Mundial, destruyendo a la población o sometiéndola a experimentos criminales.

 

Por lo pronto el presidente de Turquía hizo gala de la ira verbal que caracteriza a los mandatarios cuando pierden piso, mostrando su nula capacidad de autocrítica, y pésimo manejo diplomático.