ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Eficacia policíaca

27 de febrero de 2011

Ser ciudadano del imperio le valió al apóstol Pablo apelar al César y ser juzgado en Roma, porque a lo largo de los siglos todos los imperios han sabido defender a sus ciudadanos para fin de seguir siendo imperios. Estados Unidos no es la excepción, por eso y por todas las consecuencias que trae consigo, medio mundo sueña con ser ciudadano norteamericano, pues esa sola identidad les garantiza respeto dentro y fuera de su país. Ya me imagino yo a un mexicano a punto de ser acribillado, gritándoles a sus asesinos, intimidatoriamente: ¡soy ciudadano de los Estados Unidos Mexicanos!, máxime si el que le dispara es un agente fronterizo, o un par de jugadores de fútbol americano deseosos de hacer patria matando a un mexicano.

 

Cuando se conoció la noticia del asesinato de un agente norteamericano en la autopista San Luis Potosí – México, cualquier observador atento supo que semejante crimen sería rápidamente aclarado, y en efecto, no pasaron ocho días cuando la justicia mexicana, pronta y expedita, dio resultados contundentes, algo semejante a lo que ocurriría si en una fila de tres mil peticionarios, se atendiera en primer lugar al que había llegado al último, porque traía buenas credenciales.

 

Cierto, no sabemos todavía si los inculpados son conejos convencidos de ser elefantes, pero aún así es evidente que esta pronta respuesta deja más preguntas que soluciones. A primera vista es un triunfo de la inteligencia de las fuerzas de seguridad, pero ¿y por qué no funciona esa misma inteligencia para esclarecer los cientos de miles de casos pendientes que existen en el país? Pudiera entonces no ser asunto de “inteligencia” sino de otro tipo de acuerdos entre las mismas mafias que advertidas de su supuesto error han entregado a los distraídos matones, para que ahora el erario les dé casa, vestido y sustento tres veces al día, sin tener que andarse arriesgando en calles y cerros, en un ambiente carcelario del todo familiar, y con amplias posibilidades de ascenso, vinculaciones, proyectos y nueva capacitación.

 

No obstante el tema del “error”, de la “confusión”, de que pensamos que eran adversarios porque traían un vehículo tipo narco, ya ha sido usado en este poco imaginativo país desde hace muchos crímenes impunes, esta vez solamente extrañamos la reconstrucción de los hechos al estilo Nintendo. Ahora que cuando los inculpados hablan de sicarios primerizos no les ha de faltar razón, se matan tanto entre ellos mismos que resulta difícil tener suplentes bien capacitados con la misma velocidad con que los pierden.

 

Finalmente, no deja de ser desalentador observar que los mexicanos son ciudadanos de tercera clase en su propio país, ya que la segunda es para los influyentes, y la primera para los ciudadanos del imperio, con lo cual la figura de la justicia mexicana conserva su imagen postrada, inequitativa y subastable. ¡Feliz próximo encuentro ¿bilateral?!