ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

El aguinaldo

20 de diciembre de 2015

En su origen la palabra significaba “regalo” que los pueblos celtas se daban con motivo del año nuevo. La costumbre era compartida también por otras culturas, en particular por la sociedad romana, de donde fue asumida por la cristiandad. El aguinaldo cristiano será desde la edad antigua el regalo que se ofrece con motivo de un bautismo, pero muy pronto el término se fue adecuando a las dos principales fiestas de la Iglesia, la Epifanía y la Pascua, y de ahí, seguramente por su vecindad, a la fiesta de Navidad.

 

A diferencia de otros países cristianos, en el imperio español el aguinaldo se fue ciñendo al regalo que las familias hacían a grupos de personas, sobre todo niños, que cantaban villancicos navideños fuera de las casas, antecedente de las posadas mexicanas, y posteriormente el término acabó aplicándose solamente a los regalos que los niños recibían por estas fiestas.

 

Desde ese espacio cultural el término aguinaldo pasó a la vida laboral hasta constituirse en una obligación legal en numerosos países de origen cristiano, conservando su carácter de obsequio con motivo de la Navidad, acción que incluía la gratitud y el reconocimiento al trabajo prestado por las personas a sus patrones.

 

El trasfondo religioso pagano del origen de esta costumbre es un estímulo a la vida nueva que inicia con el año nuevo. El fondo cristiano del aguinaldo es un símil externo, material, del gran regalo que Dios ha hecho a la humanidad enviándole como Mesías a su propio Hijo, regalo divino que sin embargo no todos los seres humanos están dispuestos a recibir.

 

En la vida de nuestro país el aguinaldo laboral marca una vez más el sistema de inequidad y desigualdades que la misma ley sustenta, toda vez que este “regalo” está sujeto a la percepción salarial de los trabajadores, con lo cual ocurre que quienes más ganan, sobre todo en la esfera gubernamental, sean quienes más aguinaldo reciben, mientras que las personas que más trabajan y menos perciben alcancen aguinaldos miserables.

 

Si los valores universales de la equidad y la justicia tuviesen cabida en nuestro país debería procederse exactamente al contrario, de tal forma que, sobre todo en los ámbitos de gobierno, el aguinaldo jugoso lo recibieran los menos favorecidos en su salario, en tanto que aquellos que legal pero inmoralmente ganan tanto, recibieran un aguinaldo más bien simbólico.

 

Me refiero a los ámbitos de gobierno no porque las responsabilidades o las cargas sean allá menores que en otros espacios, sino porque al Gobierno lo pagan todos los ciudadanos, se trata pues de recursos públicos que no pueden dilapidarse alegremente en ofensivos aguinaldos para la alta clase política mientras que por otro lado los servicios públicos de salud, asilo, educación y seguridad y tantos otros, andan todo el tiempo en la mendicidad, negando la atención u ofreciéndola de la manera más miserable, porque no hay dinero.

 

“Vino a los suyos, pero los suyos no lo recibieron” afirma el Evangelio de Juan, ojalá y en esta ocasión sí podamos recibirlo, de ser así se verá inmediatamente en la transformación de nuestros valores y actitudes.