ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

El cártel de los perros

20 de enero de 2012

Fieles imitadores de sus amos, los perros decidieron organizarse creando su propio cártel. Sin armas sofisticadas pero con una instintiva y feroz coordinación, agilidad para el ataque y más agilidad para el escape, una jauría de chuchos marginados, ubicada en el cerro de la Estrella, en Ixtapalapa, ha mantenido en solfa a la ya de por sí indefensa población. Como cabía esperar, las autoridades se anotaron un rotundo diez al capturar tanto al líder como a los integrantes de esta perruna banda delictiva en tiempo récord. Como cabía también esperar, más tardaron en capturarlos que en declararlos inocentes, pese a que sus fotos habían ya circulado por los infaltables medios. Desde luego esta exoneración, también como cabía esperar, fue presionado por las inmediatas manifestaciones que los habituados habitantes del Distrito Federal hicieron para exigir la inmediata liberación de los cautivos. En esta marcha participaron numerosos perros, pero como en tantas otras, fueron llevados a la fuerza, y sin siquiera saber por qué estaban protestando.

 

Y mientras la nación entera se enteraba de este trascendental acontecimiento, apenas comparable con el fallido fin del mundo o los chismes rosas de la farándula, en México subía la gasolina una vez más, con la promesa del nuevo secretario de Hacienda de que seguirá subiendo, sin que haya sido posible hacerlo declarar hasta cuándo, o hasta qué tope. En algunos municipios de la Zona Metropolitana de Guadalajara, y en algunos casos, el impuesto predial se fue a las nubes con el feliz recurso de aumentar la valoración catastral aunque no haya persona alguna que pueda vender su casa en el nuevo precio que ha fijado el señor autoridad. Igual ocurrió con el asunto del gas, la electricidad y por supuesto el agua potable, que muchas personas han de pagar aunque nunca la reciban. Y en tanto las nuevas autoridades federales y municipales hacen su agosto en la cuesta de enero, los medios publican por todo lo alto noticias igualmente felices: Guadalajara es el municipio más endeudado de México, y Jalisco el estado que contrajo la deuda más alta de toda su historia, o sea que acudiendo al tapatío refrán de años pasados, “estamos como las jericallas, a dos fuegos”, es decir, lo mismo nos endeuda el gobierno del cambio que el gobierno del contracambio, nada de lo cual ha motivado al Congreso estatal o a las dependencias municipales a reducir salarios y nóminas; pero eso sí, para asombro de todos, solicitar nuevos préstamos al más puro regateo nacional: pide tres para que te den dos, cuando apenas si necesitas uno.

 

Hay otras noticias entre alentadoras o alarmantes: nuevas poblaciones, a ejemplo de Cherán, se levantan materialmente en armas para defenderse de los delincuentes, ya que el Gobierno simplemente no puede cumplir con una de sus más importantes obligaciones: mantener el orden público, por más que siga cobrando como si pudiera. Es alentador que las comunidades se organicen para salvaguardar sus bienes y sus vidas, es un signo que habla de la toma de conciencia comunitaria que se ha hecho tanto esperar y que puede prometer verdaderos cambios. Pero es también alarmante que la justicia deba volver a propia mano, pues se abre así un abismo de caos y salvajismo muy semejante al de las guerras civiles. En tanto estas cosas ocurren, persiste la esfera impoluta de la función pública, cuyos integrantes ni se agitan ni se despeinan, por el contrario se lucen ante los medios dando elegantes declaraciones, enfundados en finos trajes de marca, como si fuesen invitados extranjeros llegados de los países más prósperos y pacíficos del planeta.