ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

El ciclo de Chapala

22 de junio de 2014

La información que la ciudadanía recibe acerca del lago de Chapala suele tener ciclos repetitivos orientados lo mismo a conceder que finalmente a no hacer nada.

 

Ya en octubre los medios de comunicación comienzan a decirnos que el lago ya bajó, y en delante a seguir diciendo que sigue bajando. Llegado el estío vienen los tandeos, y parejos, porque la crisis de Chapala es manifiesta. De inmediato los expertos universitarios hacen pronósticos acerca del inminente fin del lago y del errático temporal que se aproxima, aumentando la ansiedad de futuro.

 

Diversos medios de comunicación aprovechan la oportunidad para hacer reportajes y entrevistas; que las plantas de tratamiento de agua no funcionan, que los comerciantes de la ribera se quejan, que impera la incertidumbre. Comienza a llover, mal que bien el lago sube su nivel, y en cosa de tres meses el asunto se olvida. Ni se arreglaron las plantas, ni se reguló el consumo, ni se desazolvó el vaso lacustre, ni se obligó a las presas que retienen el río Lerma a otorgar la aportación mínima que deben hacer para el lago. Para octubre de nuevo se reiniciará el ciclo inútil y repetitivo.

 

Es así que se nos olvida que ya desde la década de los cincuenta del pasado siglo, la gran crisis del lago de Chapala fue consecuencia de la entrada en operación de la presa Solís (1949), y que desde entonces ese sigue siendo un factor determinante. Desde luego que al construirse dicha presa se pensó exclusivamente en los beneficios que aportaría al Estado de Guanajuato, así lo declara la página de internet correspondiente, sin que nadie advirtiera los perjuicios que traería para el Estado de Jalisco al disminuirse drásticamente los aportes del río Lerma al lago de Chapala.

 

Como la voracidad agrícola e industrial de Guanajuato no tiene medida ni control, les ha parecido bien confiscar además las aguas del río Verde contando con la complicidad de las propias autoridades jaliscienses, siempre listas para ofrecer declaraciones y compromisos que no dan el menor resultado. Y ahí está la presa del Zapotillo cuya altura sube y baja a tenor del éxito o fracaso de una ciudadanía dejada a su suerte, como si el tema solamente afectara los intereses de Temacapulín y Palmarejo, dos pueblos mínimos oponiéndose al imparable progreso de León y del bajío guanajuatense.

 

Ahora nos dicen que la presa del Zapotillo también puede aportar agua para Guadalajara y hasta salvar a Chapala, claro, siempre y cuando se suba la altura de la cortina, ya que el grueso del volumen es y sigue siendo para León, junto con la presa Solís, el río Lerma y lo que se junte, ellos sí pueden. Ciertamente una solución para el abasto de agua en Los Altos y en Guadalajara es la presa del Zapotillo, pero toda ella y sin necesidad de perjudicar a población alguna; si iban a poder bombear agua de la fallida presa Arcediano, que no la puedan bombear desde el Zapotillo resulta incomprensible.