ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

El cinismo del perro

28 de mayo de 2017

Al hablar del cinismo me refiero a la acepción coloquial que por tal entiende una despreocupada desvergüenza o falta de pudor. Y es que los perros viven esta actitud haciendo lo que nadie suele hacer en público y a la vista de quién sea sin la menor discreción. No les importa en lo más mínimo que la gente los vea, o lo que la gente piense o diga de ellos, son perros y como tales, cínicos.

 

Viene a la memoria por la serie de situaciones que estamos viendo y oyendo a través de los medios de comunicación, no otra cosa que el periódico encarnizamiento de los partidos políticos a cuyos exponentes ya no les importa hacer el ridículo y lo hacen con el mayor de los cinismos. No es que se trate de personas privadas de inteligencia, si luego a pesar de ser pensantes asumen papeles tan lamentables lo único que uno puede pensar es que tienen o mucha necesidad o sobrada avidez para hacer y declarar lo que les manden ante un público que, por si de veras no lo saben, ya no les cree desde hace mucho tiempo.

 

Evocando a Sartre que afirmó que el “otro” es siempre mi enemigo, y que la única posibilidad de que dos se pongan de acuerdo es cuando lo hacen para ir en contra de un tercero, resulta por demás evidente que eso es justo lo que hacen el PRI y el PAN cuando coinciden en su ataque a MORENA. Que representantes del PRI local gasten su precioso tiempo haciendo declaraciones, denuncias, protestas y reclamos por las fallas advertidas en la administración pública de los municipios de la zona metropolitana, en primer lugar no les queda, pues no le toca al burro criticar a los orejones, y en segundo lugar no hacen sino mostrar el bajo concepto que tienen de su función.

 

En efecto, la escena política de nuestros tiempos es deprimente, los partidos políticos solamente están sirviendo para arruinar la vida pública y privada de la ciudadanía, pues dedicados como están a bloquearse unos con otros, a expensas de la administración, los resultados no pueden ser sino pésimos. De esta postura infantil y corrupta nadie se escapa, ningún rubro municipal o estatal, lo mismo si se trata de la cultura que de la recolección de basura, de los estacionómetros o del alumbrado público, y en la medida que crece el temor de perder las próximas elecciones, aumenta paranoicamente la serie de sucios recursos para ganarlas, como vemos todos los días que sucede en el estado de México, donde el gobierno reinante ha tirado la casa por la ventana desde el pasado mes de enero, a fin de asegurarse el voto, recurso que muy bien podría estar saliendo del ya olvidado “gasolinazo”.

 

La denuncia por gastos excesivos en el tema que sea, adjudicaciones directas, abusos de autoridad, crecimiento desmedido de nóminas, nepotismo, aviadores por todas partes, ineptitud burocrática, etc., debería ser precedida por una declaración de culpa, pues eso que critican es precisamente lo que enseñaron a hacer cuando les tocaba administrar, ¿cómo es que ahora tan cínicamente se admiran?