ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

El costo mayor

17 de noviembre de 2013

La misma ley de reforma hacendaria que persigue la obtención de mayores recursos económicos para la gestión nacional, incluye la autorización para que el Gobierno federal se endeude, internamente, hasta por 485 mil millones de pesos, y externamente hasta por siete mil millones de dólares, en el ejercicio 2014. Por si fuera poco, ahora el Presidente ya no tiene que pedir permiso para gastar de más, basta con que declare en qué gastó.

 

Ni ésta ni ninguna otra ley propone una reforma del gasto público. Por lo mismo hay que recordar que el evento de toma de poder del señor Presidente de la república costó 32 millones de pesos. La foto oficial del primer mandatario salió en 376 mil pesos. El Congreso federal y el senado tuvieron un costo este año de mil 85 millones de pesos, si nos atenemos exclusivamente al salario percibido, que no incluye pagos adicionales por coordinar bancadas, comisiones o proyectos, comidas, seguros, mantenimiento de las instalaciones, casas, seguridad, transportes, etcétera, de la misma forma la democracia electoral le costó al país, en 2012, 27 mil 128 millones de pesos, presupuesto que será aumentado para 2015. A estos gastos debe añadirse el costo que tiene la presidencia y las secretarías en salarios, giras nacionales e internacionales, mantenimiento de casas, transportes terrestres y aéreos de comitivas y convoyes, hospedajes, logística, banquetes, equipos electrónicos, renta de vehículos, asesores de imagen, y por supuesto, cientos de guaruras, ya que al parecer viajar en convoyes rodeados de agentes de seguridad mirando nerviosamente para todos lados es parte del glamour, de la imagen, de sentirse con poder y anunciarlo a todo mundo.

 

Pero un costo mayor de la gestión pública no garantiza de ningún modo una mejoría en el ejercicio del Gobierno, nunca ha sido así hasta el presente, ni a nadie se le ha ocurrido establecerlo, por el contrario lo mismo a nivel federal que estatal, persisten las tres plagas que desangran al país y que son al parecer insuperables: corrupción, ineficiencia e impunidad ¿cuál cuesta más a la nación?

 

En la medida que la mercadotecnia se adueñó de las campañas políticas, se entiende que buena parte de las desilusiones del primer año se expliquen por lo desaforado de las ofertas electorales, pero hay rubros en que desde el primer día debería haber resultados, pues éstos no requieren de largos procesos, trámites burocráticos o agendas legislativas, sino de la elección de buenos equipos de trabajo, contratados en orden a sus antecedentes, no a compromisos de campaña; establecimiento de normas claras desde el inicio, voluntad política de hacer bien las cosas, y acciones inmediatas para corregir las desviaciones precisamente en lo que mira a la erradicación de las plagas mencionadas, entre las cuales se incluye el despilfarro del Gobierno en gastos y nóminas, como parte de la corrupción.

 

Esta semana se aprobó finalmente el presupuesto del 2014, que conlleva la reforma hacendaria. El Gobierno puede seguir gastando sin condición alguna, y seguir cobrando su salario con o sin resultados. Tiene ya bastante dinero asegurado para seguirlo despilfarrando sin control, y si se lo acaba, puede desde luego, pedir prestado, finalmente es la gente quién pagará el desorden administrativo, máxime que ahora existen nuevas cargas impositarias. Claro, hay una “buena noticia”, será el Congreso federal quien se encargue de vigilar el recto uso de los dineros públicos.