ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

El desgasolinazo

10 de enero de 2016

Son muy abundantes y prolíficos los frutos de la inconciencia social, asunto que no depende del grado de estudios o del nivel de alfabetización existente en nuestro país, pues como hemos podido observar contar con un certificado de primaria o de preparatoria o con un título profesional, no garantiza que el portador sea un agente dinámico de pensamiento, de crítica y de cambio en el país.

 

Esta especie de alienación social tan persistente en México, de enajenación mental, produce grandes ventajas a quienes ocupan puestos de liderazgo, sobre todo en la esfera gubernamental, y desde luego ellos lo saben y acaso sean los primeros en buscar los medios para que esta condición se mantenga. De ser así estaríamos enfrentados a líderes que aprovechan la falta de información de la comunidad y la pereza mental que ésta ostenta para analizar la información que sí les llega.

 

Casi triunfalmente anuncian los líderes de la nación que por fin el precio de la gasolina ha bajado, y que volverá a bajar en un esquema de tres años, de manera que justamente para el año electoral 2018 el partido en el gobierno pueda presumir de haber abatido el costo de por lo menos este importante energético.

 

En efecto, la gasolina bajó de cuarenta a cuarenta y tres centavos por litro, lo que no declaran es que este producto debería haber bajado hasta por lo menos un cincuenta por ciento de su valor actual, es decir, un aproximado de 6 pesos, como ha ocurrido en otros países cuyos gobiernos no se dedican a explotar a su pueblo, vendiéndole productos monopólicos a sobreprecio. Por supuesto que la baja debería haberse producido desde el momento en que cayó mundialmente el precio del petróleo.

 

La deshonestidad gubernamental no reconoce límite, por lo mismo en la frontera norte son otros los precios que se manejan, pues de lo contrario todos los vecinos entrarían a comprar su gasolina a Estados Unidos, donde sigue siendo más barata.

 

Un llamado a la solidaridad de los mexicanos con un gobierno en apuros económicos carece de sentido, en tanto la sociedad mexicana no vea en los hechos una conducta distinta de la clase gobernante en el manejo de los recursos públicos, lo cual incluye la depuración de un presupuesto nacional donde siguen apareciendo innumerables rubros que no son sino caminos tramposos para desviar o desaparecer recursos, un presupuesto donde las altas clases gobernantes siguen percibiendo salarios totalmente desproporcionados para un país con media población en la miseria. No se puede tener solidaridad con un gobierno que en el pasado mes de diciembre ha dilapidado a manos llenas los recursos de todos en cenas y comilonas por cumpleaños y fiestas de fin de año.

 

¿Cómo lograr entonces que la sociedad reaccione y analice críticamente las noticias que recibe en este y tantos otros asuntos? ¿Hasta dónde las instancias públicas y privadas trabajan para lograr este gran objetivo? Ahí tenemos un buen propósito de año nuevo que incluye exigir, por lo menos, respeto a la inteligencia de los mexicanos por parte de sus gobernantes.