ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

El destejido social

30 de septiembre de 2012

Los sociólogos llaman tejido social a la urdimbre que constituye y da carácter a una sociedad, podríamos hablar de un plan maestro según el cual las personas, integradas en la comunidad, hacen que ésta contribuya al desarrollo y al logro de determinadas metas, mismas que exigen determinadas condiciones.

 

La sociedad se construye, se “teje” entonces, con base a diversos hilos cuya trama está formada por los principios y valores que la misma gente asume, proyecta y transmite, para garantizar lo mismo su sobrevivencia que su crecimiento.

 

Diversos analistas sociales han llamado la atención sobre esa especie de daño ecológico humano que experimenta la humanidad occidental en el momento actual. Haber considerado que lo único importante es el momento presente, que la vida es una apropiación personal de la que no se debe dar cuentas a nadie, que toda finalidad se cierra en producir y consumir, en trabajar y divertirse, ha sido un presupuesto sobre el cual se ha justificado la abolición de toda norma que no concurra a estos fines.

 

A partir de ese momento la producción del espectáculo se ha vuelto un reto fundamental. Si divertirse es no sólo una necesidad, sino hasta una obsesión, un estilo de vida, generar diversión se convierte en un mercado competitivo que cada vez con mayor frecuencia se vale de la nota roja, de la amarilla, y de la degradante, porque eso vende, por más que también eso deprave el gusto de la gente.

 

Depravarse ha sido siempre una tensión humana, un riesgo a la puerta, una posibilidad apenas a un paso del placer cuando éste pierde toda medida. Consumir y sentir acaban siendo actos que exigen siempre una mayor intensidad en cualquier campo en que se realicen. Ya no se canta, se grita, ya no se bebe, se “traga” alcohol, ya no se experimenta el gusto de la comida, porque el gusto es ahora atragantarse, la sexualidad se reduce a fetichismos existentes privada de toda dimensión humana y afectiva, y al final la persona se destruye y se destruye el “tejido” social, ya la comunidad no sirve para otra cosa que para seguir decayendo hasta el final.

 

Desde luego la degradación de la diversión ha invadido incluso las fiestas familiares, donde los adultos son seducidos por los nuevos estilos de los jóvenes, y todo mundo parece feliz en esta vorágine desenfrenada, de la cual todo mundo sale sordo y ronco. Las Fiestas de Octubre, ya en curso, pueden darnos una idea muy clara de esta realidad, sobre todo a determinadas horas y en determinados espectáculos, si piensa ir, no deje de analizar con espíritu crítico todo lo que ahí se ve y se hace.