ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

El destino del cohetero

18 de enero de 2009

Prenda o no prenda el castillo, de todos modos le chiflan. El más reciente capítulo de la tragicomedia titulada “transporte público” puso al Gobierno del Estado en la condición del cohetero; aumento o subsidio, ambas soluciones eran chiflables.

 

Inadecuadas por una razón de fondo: los beneficiarios no son sujetos del beneficio. La sociedad y el Estado deben siempre apoyar con todo tipo de estímulos, incluidos los económicos, a aquellas empresas que no solamente sean rentables, sino que además sean competitivas en los términos actuales del mercado, es decir, en los campos de precio, calidad y excelencia. En cambio lo que tenemos son empresas que de la posmodernidad económica nada más se quedaron con el tema de “ganar ganar”, omitiendo las condiciones para lograrlo.

 

La empresa del transporte público no es honesta, ya que se aprovecha de la necesidad de la gente para lograr sus fines, infla sus gastos y oculta sus ganancias reales. No es una empresa responsable desde el momento que no cumple con los compromisos de mejoramiento del servicio que firma.

 

No es una empresa competitiva ni en su personal ni en sus unidades, ni en sus precios. Carece de toda preocupación ecológica, y del menor respeto por las personas a las que sirve y por la ciudad de la que se beneficia.

 

Adicionalmente tienen en su contra la publicidad gratuita, cotidiana, omnipresente y pésima que ellos mismos se hacen. Todos los días por todas partes usuarios y no usuarios vemos la forma en que los choferes tratan a las personas, las condiciones en que traen sus unidades, el modo en que alteran el tráfico, lo allanan y lo quebrantan con total anarquía, particularmente cuando dejan atravesadas sus unidades por pasarse lo mismo la preventiva que el alto, es ahí que uno puede contemplar la actitud de los conductores y la calidad de los camiones, que no solamente no ha mejorado sino que empeora cada día.

 

El acuerdo final al que se llegó tiene una ventaja un tanto ambigua, ahora el aumento al pasaje lo pagamos todos, ya que el subsidio otorgado se toma de nuestros impuestos, y no es que el Gobierno le esté pagando nada a nadie como afirma un anuncio televisivo. La ventaja es que ahora todos tenemos derecho a opinar sobre el tema, porque todos los estamos subsidiando.

 

El paro parcial que hicieron tuvo igualmente ventajas y desventajas, por un lado mostró hasta qué punto son precisamente los camioneros los que entorpecen el tráfico citadino por su ausencia total de disciplina y habilidad para conducir sus unidades; el lunes fue un día increíblemente positivo para la vialidad tapatía, ese día nadie murió a causa del transporte, y el cielo lució menos contaminado. Desde luego los usuarios debieron padecer las consecuencias, así como las entidades que dependen del transporte.

 

Lo que tenemos que hacer es subastar las concesiones del transporte público de manera abierta y otorgarlas a nuevas empresas que cumplan de antemano con los perfiles que se requieren.