ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

El día de la “llevada”

5 de octubre de 2014

Hace 280 años se estableció la tradición de la traer a Guadalajara, durante el tiempo de aguas, una imagen de la Virgen María que desde el siglo XVI se veneraba en la villa de Zapopan. Este compromiso nació por iniciativa del Ayuntamiento de Guadalajara, a tenor de los siguientes términos: “El cabildo, Justicia y Regimiento de esta nobilísima ciudad, estando junto y congregado en su sala de Ayuntamiento, el día veinticuatro del presente mes, acordó el que se jure por patrona y abogada de esta ciudad, la sacratísima y milagrosísima imagen de Nuestra Señora de Zapopan, como que en todas las aflicciones y calamidades, de tempestades, epidemias y otras cualesquiera necesidades nos hemos acogido siempre a su asilo y protección y trayéndola a esta ciudad, al punto se ha experimentado el alivio y el consuelo… Ayuntamiento de Guadalajara, 30 de octubre de 1734”.

 

Cuando se dio esta declaración la imagen de la Virgen de Zapopan estaba en la ciudad, asolada por tempestades y epidemias, así que su regreso, ese año, fue el 9 de noviembre, luego de las diversas ceremonias en que dicho patronato fue jurado por los estamentos civiles y eclesiásticos de Guadalajara.

 

Debemos recordar que la costumbre de hacer y venerar imágenes forma parte de toda una cultura que en la civilización Occidental ha sido llamada justamente la cultura de la imagen; esta cultura tenía ya varios siglos de haberse consolidado en la cristiandad, prácticamente desde sus inicios, ya que la gran expansión del cristianismo se dio en el ámbito de las civilizaciones del mediterráneo, civilizaciones que desde antiguo habían descubierto la importancia pedagógica y emblemática de las imágenes tanto civiles como religiosas. No obstante, durante el siglo VIII esta tradición cristiana había enfrentado críticas por influencia tanto de los judíos como de los musulmanes, situación que se resolvió en el segundo Concilio de Nicea, del año 787. Ahí los expertos biblistas y teólogos determinaron como principio fundamental que permite la factura de imágenes religiosas el hecho de que Dios se hubiese encarnado en la naturaleza humana, haciendo visible lo que permanecía invisible, y por lo tanto, digno de ser representado.

 

Por otra parte, Jesús otorgó a la Iglesia la potestad de “atar y desatar”, es decir, de establecer nuevas normas o abolir las anteriores, de hecho ya la autoridad cristiana había abolido leyes judías como “guardar” el sábado, la circuncisión religiosa, y muchas otras; con esa misma autoridad se abolió la prohibición judía de hacer y venerar imágenes, máxime que a diferencia de los ídolos, las imágenes cristianas no representaban a seres falsos, imaginarios, sino a los más destacados personajes de la historia cristiana, que por supuesto existieron, y desde esa misma fe, existen en el cielo.

 

Pero la fiesta de la llevada de la Virgen no es solamente la fiesta de la gratitud a la intercesión de María a favor de la ciudad, es también la fiesta de la memoria colectiva cristiana cuyas raíces se remontan al siglo XVI, la fiesta de un símbolo que ha sido y es el emblema más permanente de Guadalajara.